Opinión > Análisis / LEONARDO HABERKORN

Bonomi critica a todos, menos a los delincuentes

A lo largo de los años, el discurso del ministro ha tenido algunos cambios

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02 de julio de 2018 a las 05:00

Los ministros son parte del Poder Ejecutivo. Son los que deciden, los que ejecutan, los que hacen.

Los parlamentarios, en cambio, son los que hablan, los que argumentan y discuten sobre tal o cual política que los ministros están ejecutando o piensan ejecutar.

En ese sentido, Eduardo Bonomi es raro. Es ministro, pero habla mucho, muchísimo, tanto o más que la mayoría de los parlamentarios. Y a sus declaraciones se suman las de sus colaboradores más cercanos.

En sus argumentos hay algunas ideas fijas: la criminalidad bajó, o no bajó pero sí lo hizo su ritmo de crecimiento, o está por bajar; los niveles de seguridad son aceptables y el país está entre los más seguros; los homicidios los cometen delincuentes contra delincuentes y no afectan a la "gente común". Este discurso suele sustentarse en dos pilares: estadísticas e interpretaciones sociológicas.

A lo largo de los años, el discurso del ministro ha tenido algunos pequeños cambios.

En setiembre de 2012, Bonomi dijo que la mayoría de los homicidios eran cometidos por familiares, parejas, amigos y vecinos: "A la sociedad uruguaya le cuesta reconocer que el espacio familiar, concebido para el afecto, la protección y el cuidado, en miles de hogares se transforma en el lugar de mayor riesgo para la integridad de sus miembros".

Pero en febrero de 2013, Bonomi anunció que la mayoría de los homicidios eran por ajustes de cuentas entre delincuentes. El 40% de los muertos tenía antecedentes penales, dijo, iniciando una línea argumental que continúa hasta hoy.

En julio de 2014, ante el asesinato del padre de "El Reja" en el Géant, el viceministro Jorge Vázquez dijo: "Si usted no es un delincuente que integra el crimen organizado ni tiene problemas familiares tiene pocas posibilidades de ser asesinado".

En abril de 2015, consultado respecto a por qué había tantos homicidios sin aclarar, Bonomi afirmó que los asesinatos que no se aclaran son los ajustes de cuentas, que son más difíciles de investigar.

Pero en el mismo mes, preguntado sobre el crimen no aclarado de Lola Chomnalez, la chica argentina que era turista y no delincuente, Bonomi dijo a radio Montecarlo: "el trabajo de la policía ha sido bueno (...) Estoy conforme con el trabajo, está faltando el resultado".

La evolución en el número de robos y rapiñas es otro tema habitual del ministro (y de la prensa), a pesar de que todos sabemos que muchos de estos delitos no son denunciados.

En abril 2015 y sobre la promesa del presidente Vázquez de bajar 30% las rapiñas, Bonomi dijo: "Estoy trabajando para cumplir con el objetivo". Y afirmó ser optimista. Y también agregó: "Ser optimista no quiere decir que uno dé la seguridad total".

En octubre de 2015, Bonomi dijo a Telenoche que se puede cumplir con la promesa de bajar 30% las rapiñas, pero no se le puede poner fecha.

En junio 2017, en Búsqueda, señaló que se podría estar cerca de la promesa porque "la proyección determina el año que viene una baja del 24% de las rapiñas, muy cercana al objetivo".

Un mes después, en rueda de prensa, Bonomi afirmó que la cantidad de rapiñas no subía, aunque tampoco bajaba.

En febrero de 2018, Bonomi declaró a La Diaria que estaba trabajando para cumplir con la promesa de bajar 30% las rapiñas "pero bueno, uno no puede forzar la promesa".

En cuanto a las interpretaciones sociológicas, Bonomi comenzó su mandato informando que antes se robaba para comer y ahora para comprar championes de marca.

En agosto de 2017, Bonomi dijo a En Perspectiva que una de las causas de que haya más asesinatos es que "los conflictos entre delincuentes, donde hace algún tiempo se daban con tiros por debajo de la cintura, ahora se dan por arriba de la cintura y eso lleva a que el que está en el enfrentamiento pierda el respeto por la vida".

Más recientemente dijo a Búsqueda que la violencia creció porque los uruguayos ganan mejor y consumen más cocaína: "Las bandas de narcotraficantes, que tradicionalmente operaban en el mercado de la pasta base, ahora deben disputarse el de la cocaína, una droga de mayor precio. Y eso es consecuencia, quiéranlo o no, del aumento de la capacidad de consumo de los uruguayos, que pasan de la pasta base a la cocaína".

A veces se dice una cosa y después la contraria.

En abril de 2015, y luego del asesinato de un taxista, Bonomi dijo a radio Montecarlo que "sacar el dinero de las calles" y promover otras formas de pago "sería una buena medida".

Pero recientemente, su segundo Jorge Vázquez dijo a El Observador que, como las tarjetas de débito han hecho que haya menos dinero circulando, los delincuentes tienen que cometer más asaltos.

Otro de los puntos recurrentes del discurso de Bonomi es el de señalar qué cosas hicieron mal las víctimas, que muchas veces no pueden defenderse porque justamente fueron asesinadas.

En agosto de 2014, ante el asesinato de Melissa Ruggiero en un baile en Sauce, Bonomi dijo que el local bailable era precario. "Algo anda mal" cuando los jóvenes aceptan ir a bailar a lugares no habilitados.

En julio 2016, respecto a un robo ocurrido en la casa de la senadora Verónica Alonso, Bonomi dijo que habían dejado una ventana abierta.

En octubre, después del asesinato de Heriberto Prati -un vecino de Carrasco Norte que intentó evitar que asaltaran a una amiga-Bonomi dijo que a "aquel al que lo están rapiñando con un arma a la vista, me parece que no es conveniente resistirse".

En julio de 2017 y ante el asesinato de un policía que estaba haciendo una changa como vigilante y fue baleado al intentar detener un asalto en una pizzería en Pocitos, Jorge Vázquez cargó las tintas sobre el dueño del bar y el muerto, ya que la changa no estaba dentro de lo reglamentario: "Si alguien contrata a un policía para realizar una tarea de seguridad encubierta (...) le está haciendo un daño al policía".

Recientemente, los mandos del Ministerio del Interior filtraron la información de que un almacenero asesinado en Salto en realidad vendía pasta base. La familia anunció que enjuiciará a quienes propalaron la falsa versión, entre ellos una diputada del sector de Bonomi.

El ministro no parece reflexionar respecto a que sus mensajes pueden sonar como una justificación para los delincuentes: "Si no quiere que la roben, que cierre las ventanas". "Lo maté, pero fue solo un ajuste de cuentas". "Si quiere que no lo maten, que no haga trabajo de milico fuera de hora". "Si no quiere ser asesinado, que no se haga el guapo cuando le estoy apuntando". "Que se joda por vender droga en el almacén".

Esa es otra constante. Bonomi se dirige a todo el mundo, menos a los delincuentes. Ha criticado a la prensa, a los fiscales y a los jueces. Ha aconsejado una y otra vez a los ciudadanos honestos: no dejen la ventana abierta, no se resistan al rapiñero, no vayan a bailes no habilitados, no hagan rondas de vigilancia.Se han repartido folletos a los adolescentes para que no provoquen al ladrón camino al liceo y se han montado cursos para que los trabajadores aprendan a comportarse en un asalto.

A los delincuentes, en cambio, Bonomi nunca les dice nada.

Recientemente en Chile mataron a un carabinero. El presidente Piñera y su ministro del Interior fueron al hospital donde el policía había agonizado tras ser baleado. "Este crimen no va a quedar impune", dijo el presidente de Chile.La frase fue título de toda la prensa.

El fiscal general de Colombia dijo lo mismo respecto a los periodistas de Ecuador asesinados en su país por un brazo disidente de las FARC: "El asesinato de los tres ecuatorianos no quedará impune".

No tiene nada de asombroso. Es lo que se espera que diga un fiscal general o ministro del Interior en casos del tipo.

Sin embargo, es una frase que nunca se oye en boca de Bonomi ni de nadie de su equipo.

Cuando los porteños del Liberaij mataron al agente Cancela frente a Canal 12, el presidente el ejecutivo colegiado de entonces, Washington Beltrán, fue al velorio. El presidente Tabaré Vázquez, en cambio, no ha ido al sepelio de ninguno de los muchos policías muertos a manos de los delincuentes en los últimos tiempos. A varios de ellos el ministro Bonomi les ha negado incluso los honores fúnebres.

Durante todo su mandato, Bonomi repitió una y otra vez que Uruguay es uno de los países más seguros de América junto con Chile y Costa Rica.

La realidad es que ya tenemos más asesinatos por habitante que Argentina. Vamos camino a ser como El Salvador o Guatemala, según dijo el jefe de la Policía.

"Hemos caído -afirmó Mario Layera a El Observador- en una anomia social en la que no se cumplen las leyes y nadie quiere hacerlas cumplir estrictamente".

Como Bonomi, Layera parece no haber pensado en cómo sería decodificado su mensaje por los delincuentes, que también leen, miran televisión y escuchan la radio.

Es todo un discurso compuesto por lo que se dice y lo que no. A quién se critica y a quién no. Por palabras, gestos y silencios.

Quizás sea parte importante del problema.

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