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El día que operaron a la presidenta argentina Cristina Fernández en Buenos Aires, Amado Boudou, el presidente interino, inauguraba un puente que unía dos localidades en la provincia de Córdoba a 700 kilómetros de distancia, los mismos que parece haber entre los destinos del país y su conducta, que supuestamente deberían ser una misma cosa.

Desde ese puente entre Villa María y Villa Nueva, Boudou siguió con las actividades oficiales, tal como fue el mandato de la presidenta antes de ser operada. Pero se le hace difícil seguir de cerca la evolución de su jefa.

Lo mismo le sucede en Buenos Aires donde, según informaron ayer varios artículos del diario Clarín, Boudou ha estado bastante por fuera de lo que se tejía el lunes, cuando finalmente se decidió que se operaría a la mandataria al día siguiente. Y un hecho es más que elocuente: en lugar de tener su escritorio en la Casa Rosada, el presidente interino gobierna desde un despacho en el Banco Nación. El edificio queda muy cerca del otro, pero en sus pasillos no se viven las escenas que se suceden en la casa de gobierno, donde realmente se toman las decisiones.

Otros dos hechos evidencian el fuera de juego del sonriente mandatario.

El primero, las fotos que circularon en la prensa brasileña de Boudou el sábado en ese país, donde estaba feliz andando en moto y sin tener idea de que en Buenos Aires estaban haciéndole estudios a su jefa, porque ella todavía padecía las consecuencias de un golpe que había tenido hace un mes.

El segundo offside de Boudou fue el mismo lunes, cuando en uno de los actos que le tocó presidir decía que Fernández estaba “descansando”. En realidad, en ese momento la estaban trasladando al hospital para hacerle estudios y se rumoreaba que la operarían, pero él no estaba al tanto. “Alguien le tiene que avisar a Boudou lo que está pasando”, era, según Clarín, el comentario en la Rosada.

De acuerdo con un funcionario habitualmente informado que habló con La Nación, “todo lo maneja la mesa chica de Olivos”. Es decir, el secretario legal y técnico Carlos Zannini; el jefe de la Secretaría de Inteligencia Héctor Icazuriaga, y el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina y Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta. A Boudou le quedarían las firmas de decretos, las resoluciones administrativas y los actos protocolares. Se dice que Zanini es el funcionario que goza de más confianza por parte de la presidenta y que es él quien toma las decisiones.

Y un último elemento más: aunque el sábado se supo que Fernández debía estar al menos 30 días alejada de la actividad, recién el lunes a mediodía Boudou firmó que se haría cargo del país, cuando ya era evidente que alguien tenía que asumir formalmente el rol que la presidenta no podía ocupar.

Joaquín Morales Solá, analista político, redactó en una columna de opinión que “hasta se puede estar de acuerdo con la intención de esconder a Boudou”.

“Faltan 20 días para las elecciones y el vicepresidente es el político más impopular del país. La Justicia tiene redactada su citación a declaración indagatoria, que podría ponerlo en las puertas de un procesamiento por causas de corrupción”, acotó.

En efecto, el dirigente rockero está en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad judicial, no solo por la causa de la antigua imprenta Ciccone, sino también por otras cinco. En el caso de la imprenta de papel moneda, en las últimas semanas surgieron nuevos datos que hacen aumentar las sospechas de que incidió en la recuperación de la empresa que se fundía para beneficiar a amigos suyos y no que lo hizo para conservar las fuentes de trabajo y el dinamismo del sector, como siempre argumentó. Los peritos, además, encontraron dudas en las declaraciones de bienes del antiguo ministro de Economía y escudriñan en busca de explicaciones.

Pero también es investigado por sus viáticos, porque se cree que anotó un auto con documentación falsa, porque estiman que compró bonos cuando era ministro de Economía y porque se desconfía de la compra que hizo de 19 vehículos de alta gama para ese ministerio, además de la causa por enriquecimiento ilícito.

Todo esto cuando el 27 de este mes hay elecciones legislativas y se renueva la mitad de la cámara de Diputados y un tercio de la de Senadores. Ante este panorama, como escribió Morales Solá, en efecto parece coherente que el kirchnerismo esté queriendo “ocultar a Boudou”.

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