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La invención de Hugo Cabret pudo haber obtenido cinco estatuillas como El artista, pero es la película muda en blanco y negro la que se quedó con los que valen la pena: Mejor película, director y actor principal. Junto con esta vieja nueva cinta, Meryl Streep fue la otra ganadora de la 84º edición de los Oscar.

“Oh, por Dios, ella otra vez”, dijo Streep que le pareció escuchar cuando la nombraron Mejor actriz. Probablemente así fuera. Sin embargo, nadie puede quitarle el mérito de su impecable actuación como Margaret Thatcher en La dama de hierro. Tan brillante es que permite olvidar los problemas de guión que tiene el filme.

En cambio, la Academia se perdió otra oportunidad de intentar ponerse un poco más al día con Martin Scorsese, quien solo tiene una estatuilla como Mejor director. Este año quien ganó en la categoría fue Michel Hazanavicius por El artista.

En un inglés afrancesado, el director de 44 años dijo haber olvidado su discurso, pero agradeció desde su esposa, la coprotagonista de El artista y nominada a Mejor actriz de reparto, Bérénice Bejo, hasta “toda la gente llena de vida y alegría”. Y, por supuesto, también agradeció al perro Uggie.

Lo que Hazanavicius sí olvidó fue hablar en su lengua materna. A diferencia de él, Jean Dujardin gritó en francés e inglés su alegría por haber sido elegido Mejor actor, por encima de consagrados como Brad Pitt, George Clooney y Gary Oldman. Con su encantadora sonrisa, el galo exclamó, entre otras cosas, “amo a su país”.

Aunque la categoría a Mejor actriz de reparto era la única donde había una candidata clara, Olivia Spencer no pudo evitar emocionarse al ser nombrada como la ganadora. Su papel en Historias cruzadas la hizo digna de su primera estatuilla entre agradecimientos y disculpas por el llanto.

En el otro extremo, Christopher Plummer recibió la primera estatuilla de su extensa carrera con el aplomo de un hombre de 82 años. Por su rol en Beginners, el canadiense ganó el premio a Mejor actor de reparto y se convirtió en la persona más longeva en recibir dicho “extraordinaro honor”, según sus palabras.

Un show en vivo
Durante la ceremonia, Billy Crystal mostró por qué es el segundo actor que más veces fue anfitrión de los Oscar: es tan efectivo como políticamente correcto para hacer reír. “Nada puede aliviar mejor los problemas económicos que ver a millonarios entregarles a otros millonarios estatuillas de oro”, dijo el protagonista de Cuando Harry conoció a Sally.

Si existen dudas de que este chiste es cortés, nada como compararlo con el rey de la incorrección, Sacha Baron Cohen. El británico llegó a la alfombra roja del brazo de dos seductoras mujeres vestidas como militares y él como dictador árabe. Por si esto fuera poco, llevaba una urna con la imagen del líder norcoreano recientemente fallecido Kim Jong II y tiró las “cenizas fúnebres” sobre el elegante traje de uno de los movileros del canal E!.

Presentados por la Rana René y Piggy, el Cirque du Soleil realizó una breve obra con la calidad que los caracteriza y el mayor reparto jamás reunido para un único espectáculo. Su representación sobre la experiencia de ir al cine fue hermosa y perfectamente sincronizada, con acróbatas sobre y entre el público, quienes los miraban con la boca abierta de fascinación (y miedo).

A lo largo del programa, además de los chistes sobre el nombre del teatro (ex Kodak, hoy Hollywood & Highland Center), lo que se repitió fue el agradecimiento de los premiados a sus padres por dejarlos faltar a la escuela para ir al cine. A pocos días de empezar las clases en Uruguay, quizá no fue tan negativo que la ceremonia terminara a las 2.30 de la madrugada.
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