Candidatos argentinos desoyen a expertos y descartan devaluación
El dólar barato rinde en campaña, a pesar de los daños del atraso cambiario
Al final, parece que tenían razón los que dicen que Mauricio Macri se está pareciendo a Fernando de la Rúa y que hay un déjà vu de 1999. Claro que la similitud no radica, como apuntan sus críticos, en haber fomentado una reedición de la fallida Alianza al acordar con los radicales.Más bien, lo que trae la reminiscencia del fin de la década de 1990 es que Macri haya elegido la promesa de “dólar barato y disponible para todos” como su argumento principal de campaña.
Como recuerdan los que tienen más de 40 años, en aquella elección De la Rúa era “la renovación” frente a un “fin de ciclo” tras la década menemista. Había descontento por la inocultable recesión económica e irritación por las denuncias de corrupción. Pero el comando de campaña de la Alianza entendió que un discurso basado exclusivamente en el cuestionamiento ético no alcanzaba para asegurar la victoria electoral. Su perfil de votante cuestionaba todo de Menem, menos… el régimen “uno a uno” entre el peso y el dólar, que le había permitido viajar fuera del país y acceder a las comodidades del primer mundo, como los entonces novedosos teléfonos celulares.
Fue así que De la Rúa recién se consolidó como candidato ganador cuando dijo explícitamente que respetaría el sistema de convertibilidad de Domingo Cavallo. La promesa había sido definida con más criterio político que económico: ya en ese momento era evidente que el retraso cambiario estaba afectando la producción nacional, y para colmo se sumaba la presión de una fuerte devaluación en Brasil. Aun así, “devaluación” era una mala palabra.
Sí, las similitudes con el contexto actual abundan. Por caso, Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea, estima que el tipo de cambio debería ser de 9,8 pesos argentinos para volver a la paridad que había en 1998.
Mientras que el influyente Orlando Ferreres señala: “Estamos como Menem en 1999”, y se manifestó preocupado por las dificultades para sostener la política de minidevaluaciones ante la presión de la moneda brasileña. En ese marco, resulta difícil defender, desde el punto de vista técnico, la idea de que el futuro gobierno podrá sostener el tipo de cambio en su actual nivel, menos si se eliminan todas las restricciones y se permite que importadores y ahorristas adquieren libremente todos los billetes verdes que deseen.
Sin embargo, esta fue la postura enunciada por Macri. Algo opacada por la polémica sobre si el “cepo” puede o no desarmarse en un día o en tres meses, hubo otra definición de Macri acaso más relevante. Es la convicción de que el precio del dólar no se disparará, porque el cambio de clima político generará un ingreso de capitales tan fuerte que hasta presionará el tipo de cambio hacia abajo.
“Van a sobrar dólares en la Argentina a partir de diciembre. Yo dejo flotar el tipo de cambio. Pero lo vamos a tener que sostener porque van a venir tantos recursos que la moneda va a tender a apreciarse”, fue la expresión del candidato que hoy lidera las encuestas.
El dólar gana la batalla cultural Más allá de las polémicas, lo que quedó confirmado es la plena vigencia del dólar como uno de los temas más sensibles en cualquier campaña electoral.
Todos los comandos de campaña saben que hay un viejo principio según el cual no se puede ganar una elección con dólar alto –si se está en el gobierno– ni prometiendo una devaluación –si se es opositor–. Es más, una de las estrategias preferidas de ataque y descalificación del rival es acusarlo de querer una devaluación. Sigue rindiendo muy bien. Y esto ocurre en contradicción con el consenso de los economistas, cuyo diagnóstico generalizado es la existencia de un retraso cambiario.
Estimaciones de la Fundación Mediterránea apuntan a que ingresarán US$ 3.500 millones por exportaciones agrícolas, debido a la fortaleza del dólar en el mundo, que hace caer los precios de las materias primas. Para botón de muestra, la exportación de un producto emblemático como el vino malbec, que hasta 2010 venía creciendo a un ritmo de 10% anual, está cayendo al 4%.
Uno de los que se refirió sin eufemismos a la imposibilidad de sostener el tipo de cambio fue Jorge Remes Lenicov, a quien en 2002 la historia le deparó el rol de practicarle la “eutanasia” al sistema de convertibilidad. “Hay que devaluar, porque desde hace tres años las exportaciones vienen cayendo, independientemente de la soja, como es el caso de los productos regionales y las industrias, y eso llevó a la Argentina al quinto lugar entre los países exportadores de la región”, afirmó en una entrevista televisiva.
Y adelantó su escepticismo respecto de las medidas de “devaluación indirecta” sin tocar el tipo de cambio.
“Se podrá buscar argumentos o términos lingüísticos. Se podrá hablar de bajar costos, tarifas, impuestos y salarios, como se decía a fines del 2001 para poder arreglar la convertibilidad. Pero finalmente todo estalló”, sentencia Remes Lenicov.
La vigencia de un tabú
No deja de ser extraño el vigor de este tabú electoral. Porque, si bien es cierto que un importante sector de la población se beneficia con un dólar barato, hay también otra gran parte que se perjudica.
El kirchnerismo lo sufrió en carne propia en las legislativas de 2013, cuando sufrió un revés electoral en provincias históricamente peronistas. Fue allí que se observó un fenómeno hasta entonces subestimado: una alta correlación entre la derrota kirchnerista y las economías regionales afectadas por el atraso cambiario.
“Debo admitir que me sorprendió la fortísima caída del kirchnerismo en todo el norte, donde perdieron en provincias donde no habían sido derrotados, como La Rioja”, señalaba en aquel entonces el exministro Ricardo López Murphy, quien alertaba sobre los creciente problemas de competitividad.
Hoy, aquella sospecha se ha transformado en certeza. El salto devaluatorio de 2014 ya ha sido “comido” por la inflación y, para colmo, los países vecinos devalúan. Aun así, el kirchnerismo dejó en claro que, por más que esté sufriendo las consecuencias del retraso cambiario, está dispuesto a hacer del dólar barato una bandera electoral. A la convicción de que se gana votos con un discurso antidevaluador se le sumó un fuerte incentivo: las declaraciones de Macri sobre el fin del cepo.
Lo curioso es que, mientras los candidatos debaten sobre qué ocurrirá el 11 de diciembre, hay analistas que advierten sobre el riesgo de que el dólar sufra turbulencias en plena campaña. “Podría darse el caso de que el mercado se anticipe a la corrección cambiaria y la gente retire sus pesos de los bancos para comprar divisas; y termine habiendo una corrida financiera y cambiaria antes del cambio de gobierno. Cuando se retrasa artificialmente el tipo de cambio, el que lo hace sabe que está jugando con fuego”, apunta Roberto Cachanosky.
La campaña recién empieza y puede deparar sorpresas. Pero si algo es seguro que no ocurrirá es que cambie el tabú del dólar: todos están convencidos de que ganarán si logran convencer al electorado de que el rival promoverá una devaluación.