Capitana innovadora
Elena Tejeira habla de las barreras superadas y el aprendizaje en más de 20 años en el mercado
Una situación económica familiar compleja llevó a Elena Tejeira a comenzar a trabajar a los 16 años, lo que significó para ella madurar de golpe. “Me hizo una mujer sin miedo y acostumbrada a correr riesgos”, aseguró. Otro trabajo en una multinacional, también se convirtió en una “escuela” importante que le permitió conocer todo el funcionamiento de una empresa. Hasta allí, y a sus 27 años, no tenía nada de emprendedora, pero sí una necesidad interior insatisfecha. Naturalmente fue despertándose en ella la pasión por la cocina y desde su casa comenzó a comercializar pasteles. El sueño paulatinamente creció transformándose en una empresa que cuenta hoy con 23 años en el mercado.
¿Cómo lidia con los problemas empresariales del día a día?
Siempre tengo una planificación diaria y al final del día, me doy cuenta que de la planificación solo hice dos cosas. No me lo tomo como algo malo, ni me estresa, porque sé que la empresa es dinámica, que todos los días van a surgir cosas.
Tiene más de dos décadas en el mercado y una marca que la respalda, pero hay mucha competencia. ¿Cómo la enfrenta?
Cuando empecé, el rubro se llamaba servicios para fiestas. Estoy segura que incluso innovamos con la palabra “catering”. Mucha gente hacía cosas muy buenas, pero en general todo era muy parecido y clásico, entonces busqué romper el esquema con mucha innovación, al punto que fue demasiado. Me hice conocer rápidamente, pero también fui muy criticada: decían que mi comida era rara. Obviamente hay que escuchar al cliente, pero siempre traté de diferenciarme. Para mí la innovación está en buscar nuevas formas de presentación, de servicio, de armar nuestras estaciones, impactar con lo visual. Un evento es la magia de poner en juego todos los sentidos, por eso también es importante el lugar donde hacemos el evento.
Hay una palabra que la trabajamos mucho acá y la repetimos mucho a nivel de todo el equipo: honestidad. Damos lo prometido y más, nunca menos, y creo que eso es lo que la gente también, durante tantos años, sabe y valora de nuestro nombre. Aparecen servicios como aparecieron canchas de paddle, y muchos piensan que esto es soplar y hacer botella. Sabemos que estos actores nos incomodan y mucho, pero también entendemos durante 23 años han pasado muchos y nosotros seguimos acá. Sin duda un emprendedor tiene perseverancia, constancia y continuidad, pero la gente nota la honestidad y el compromiso con el cliente. Por eso luego de un evento viene el hermano, el compañero de trabajo, la madre, el vecino. El boca a boca es lo más importante, nosotros no invertimos demasiado en comunicación, porque cada evento son 200 personas, y cualquiera de ellos es nuestro próximo cliente. Por eso atendemos a todos bien.
Eso habla también del equipo que sustenta todo el trabajo. ¿Qué es clave para conformarlo?
Sobre todo calidad humana. Tengo un equipo del que me siento orgullosa. Primero hay que hacer una excelente elección, pero la comunicación es fundamental. Me llevó mucho tiempo lograr la capacidad de decir las cosas sin lastimar, pero hay que ser bien clara y cuando algo no es correcto solucionarlo en el momento, nunca se posterga.
Reconozco haber cometido muchos errores en ese aspecto, pero he ido evolucionando, creciendo y dándome cuenta que el equipo es lo más importante, que todo lo que se logra es porque hay un equipo brutal, que confía en ti.
¿Cómo ha influido ser mujer en su emprendimiento?
Como mujer no es fácil dirigir una empresa, menos cuando hay mucho componente masculino. Mi equipo de mozos es 100% hombres y lograr un liderazgo con ellos fue todo un desafío. Empezar haciendo postres y tortas, y pasar a tener un grupo de 150 mozos o más en una noche, requirió de un camino con problemas, desaciertos, errores importantes, enfrentamientos, capacitaciones, consultorías. Hubo de todo y seguramente seguiremos teniendo de todo, porque esto es muy dinámico.
Participa muy de cerca en los eventos. ¿Por qué considera importante su presencia?
La empresa se llama Elena Tejeira y la atención que brindamos a nuestros clientes es muy personalizada. Hay un equipo armado, procesos en la gestión que realizamos, hay evaluación, controles y todo nos ha llevado a trabajar aceitadamente. Tenemos una filosofía y cultura de empresa y sabemos que cada trabajo es importante. No es que si no estoy todo sale horrible, pero sé que para el cliente es importante mi presencia.
El trabajo del emprendedor es muy absorbente ¿Cómo se evita llevar los problemas de la empresa a la casa y viceversa?
He tenido problemas personales de toda índole como cualquier ser humano, pero cuando pongo un pie en la empresa, saco fuerzas de donde sea. Nadie se va a dar cuenta nunca si estoy mal, porque considero que soy, en gran parte, el motor que tiene que generar positivismo y hacer rodar la maquinaria. La empresa no tiene la culpa de que yo tenga mis problemas. Lo mismo pasa a la inversa. A veces es difícil porque en la empresa uno pasa todo tipo de dificultades, pero es fundamental no arrastrar los problemas de acá para allá. Incluso por el bienestar físico y emocional del empresario. En algún momento hay que desenchufar, si no te volvés loco y aunque te lleves los problemas no vas a lograr mejorar nada.
¿Qué planes tiene a futuro?
Estoy buscando algunos cambios y reconversión, dado que en el futuro seguramente no tenga sucesión. Me gustaría que la empresa siga. Es un sueño y un desafío importante que dependerá de si puedo consolidar una sociedad o darle un viraje. Hoy siento que quiero menos y mejor. Vamos tendiendo, en el mediano plazo, a ser una empresa cada vez más boutique, con mayor calidad, innovación, vanguardia, atención personalizada y excelencia de servicio. En simultaneo estoy pensando tomar otros caminos, pero por el momento los estoy evaluando.