Carmine Schiavone venía de una familia pudiente de Casal di Principe, en Italia. A los 19 años entró en mundo delictivo cuando una pistola que acostumbraba llevar consigo se disparó y, de forma accidental, mató a un policía.
Carmine Schiavone venía de una familia pudiente de Casal di Principe, en Italia. A los 19 años entró en mundo delictivo cuando una pistola que acostumbraba llevar consigo se disparó y, de forma accidental, mató a un policía.
"En aquel momento tenía un hijo de tres años. Pensé en todos los otros niños que morirían por los desechos que estaban siendo arrojados", confesó el ahora exmafioso.
A pesar de que estaba en contra de rellenar la carretera con sustancias tóxicas, no pudo evitar que sus compañeros lo hicieran. Intentó pararlos, pero enseguida fue arrestado.
Ante su conciencia de que mucha gente moriría de cáncer a raíz de los tóxicos, ya en los 90 trató de evitar las obras desde la cárcel, nuevamente sin éxito.
Y así llegó su tercer intento. En 1993 se convirtió en un “pentito”, como se llama a los exmafiosos que se arrepienten y revelan información a las autoridades.
De ese modo, fue uno de los testigos más importantes del juicio “Espartaco”, en contra del clan al que pertenecía. El juicio terminó con 115 personas procesadas, y 27 condenadas a cadena perpetua.
Schiavone aseguró a la BBC que intentaron matarlo “numerosas veces”, pero no lo detuvieron. Llegó al punto de tener que vender a su propio primo, Francesco “Sandokan” Schiavone, lo que para él fue una prueba de fuego. "Fue muy difícil, porque mi primo era menor que yo, le acompañaba a la escuela y le bauticé como mafioso", relató.
El senado italiano continúa investigando si las diez millones de toneladas de residuos industriales que se tiraron en la carretera durante 20 años están relacionadas con el aumento del 40% de tumores en las mujeres de esa ciudad, y de localidades cercanas a Nápoles. La zona es conocida como “El triángulo de la muerte”.
Hoy Shiavone tiene otro nombre. Vive con su mujer, y se mantiene con una pensión que recibe. A pesar de estar arrepentido, admitió: "Es difícil ser honesto en este país. Mi hijo tiene 25 años, tiene dos títulos y es desempleado. Espero un futuro mejor para él, pero es difícil".