Luego de regresar de un viaje a Europa que le había prometido a su hija, el fiscal argentino Alberto Nisman presentaba una lapidaria denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández por encubrir a Irán en la investigación del atentado contra la mutual judía AMIA en 1994 que dejó 85 muertos y 300 heridos. Cuatro días después, el 18 de enero de 2015, aparecía sin vida en el baño de su apartamento de lujo de Puerto Madero, en Buenos Aires. Con un disparo en la sien y un revólver a su lado que había pedido prestado a un colaborador de su fiscalía.
Caso Nisman: volver a empezar
Habrá un nuevo impulso en la causa de la mano del gobierno de Macri