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La recesión de la economía argentina es ya de tal magnitud que ni siquiera el gobierno la niega. Lo cual no es poco decir en un país en el cual las estadísticas oficiales desde hace siete años han “atemperado” la inflación y el deterioro de los indicadores sociales, al tiempo que han inflado las cifras de crecimiento.

Pero claro que el hecho de reconocer el bajón en consumo, inversiones y producción no implica necesariamente que el gobierno asuma la posibilidad de algún error en la política económica.

Más bien al contrario, las culpas son externas. Así lo dejó en claro el ministro de Economía, Axel Kicillof, al presentar un nuevo plan destinado a reactivar la demanda interna. Para el ministro, la mitad de la culpa es del entorno internacional, que juega en contra al hacer caer los volúmenes de exportación. Pero, fundamentalmente, el problema de Argentina es de expectativas erróneas: como los economistas opositores, en mensajes multiplicados por los medios de comunicación, no paran de lanzar mensajes pesimistas, la gente se asusta, se retrae y decide no consumir.

“Al final, aunque la economía no esté mal, como la gente lee y escucha que puede quedarse sin trabajo, prefiere dejar de consumir, y entonces se produce la profecía autocumplida”, explicó Kicillof.

Con ese diagnóstico, el gobierno decidió que la forma de combatir la recesión es con un operativo de “buena onda”, en el cual se explique a la población sobre las bondades de consumir.

“La mala onda termina amargando a la gente, la envejece, te salen arrugas, tenés que tomar pastillas para los nervios; no es bueno ni para la salud, ni para la economía”, sintetizó Cristina Kirchner, al anunciar su plan.

Para reforzar el aliciente, se anunció un programa de financiación de 12 cuotas sin interés, usando tarjeta de crédito, para las compras de productos industria nacional.

Y su ministro de economía, Axel Kicillof, anunció que la forma de evitar la “profecía autocumplida” de la crisis económica es el regreso al crédito de 12 cuotas sin intereses. Abarca motos, electrodomésticos de línea blanca, indumentaria, muebles, materiales para la construcción y pasajes de micros y hoteles.

No bien se anunció, el plan ya generó críticas y malos augurios por parte de los economistas, que creen que no hay forma de revertir la caída salarial y la incertidumbre que tiene el público.

“Plancitos reactivados de 12 cuotas sin interés con 40% de inflación. ¿Quién es el santo que pone la diferencia?”, ironizó el analista José Luis Espert, aludiendo a lo poco creíble de una financiación real en tiempos de alta inflación.

Desde que la Argentina recayó en default, todas las consultoras revisaron a la baja sus pronósticos. De manera que la previsión original –caída de 1,5% en el PBI y 1,8% en el consumo- dio lugar a otra mucho más pesimista, con una contracción de 3,5% en la actividad y de 4% en la demanda interna.

Efecto en remedios viejos
Lo curioso del caso es que, al contrario de lo que el gobierno afirma, si todos los medios anuncian una devaluación inminente, eso suele ser un aliciente y no un freno para comprar bienes cuyo valor se rige por el dólar.

De la misma manera, la perspectiva de una mayor inflación lleva a la preferencia por consumir a crédito, dado que la cuota va sufriendo un “efecto licuación”. Eso fue, sin ir más lejos, lo que ocurrió hace exactamente un año cuando se vivió un boom en la venta de autos –que llegaron a un millón de unidades vendidas- y de electrodomésticos.

Ahora, en cambio, el problema parece estar centrado en el empeoramiento de la percepción que tiene la gente sobre el riesgo a perder el empleo. Según la encuesta que mide, mes a mes, la Universidad Católica, un contundente 58% opina que es difícil conseguir trabajo. En los buenos tiempos del boom consumista, la cifra era menos de la mitad.

El plan de las 12 cuotas se enmarca en el tipo de iniciativas pro-consumo que la Presidenta añora de su anterior experiencia recesiva en 2009 pero que, en este momento, parecen no rendir los mismos resultados.

Cristina no oculta el malestar que le está provocando la actitud de retracción por parte de los consumidores.

“Hay que invertir en cosas que se tocan y se ven, el resto es cuento chino”, planteó al anunciar el nuevo plan. Unas semanas antes, había pronunciado esta expresiva frase: “El que crea que va a salvar su trabajo guardando la plata o comprando dólares, lo más probable es que en el mediano plazo lo termine perdiendo”.

Pero hasta ahora, los esfuerzos oficiales no han logrado mover la aguja: ni el mercado inmobiliario ni el de automóviles han tenido subas considerables a pesar de las facilidades financieras que se han implementado.

La frustración de la presidenta consiste en que, en la anterior recesión ocurrida en 2009, los efectos negativos lograron revertirse en un lapso relativamente corto gracias a una política “contracíclica” basada en más gasto público.

¿Por qué hoy no hay ambiente para el “keynesianismo”? Acaso sin advertirlo, una primera respuesta la dio la propia Cristina: el Estado debe destinar este año US$ 14.000 millones a la importación de energía. “Si no fuera por la energía subsidiada tendríamos hasta los famosos superávits gemelos”, afirmó la Presidenta.

Cristina advierte “una matiné” de los saqueos
A esta altura, ya es un clásico argentino la ocurrencia de desórdenes sobre fin de año. Es la época en la cual los beneficiarios de planes sociales reclaman un “aguinaldo”, las organizaciones exigen donaciones de comida a los supermercados –ocasiones en las que suelen ocurrir saqueos-y el malhumor social sube drásticamente por los frecuentes apagones.

En 2013, a estos desmanes tradicionales se le agregó la huelga policial en varias provincias, una situación que dejó “terreno liberado” para los saqueos en el centro de varias ciudades grandes. La presidenta Cristina Kirchner está convencida de que todas estas situaciones corresponden a planes deliberados para desestabilizar su gobierno, y advirtió que no solamente se repetirán en el próximo fin de año, sino que posiblemente haya un adelanto.

O, como ella lo denominó “una matiné”. Su advertencia alude a declaraciones de dirigentes políticos y sindicales, que vienen advirtiendo sobre el malestar social por la crisis económica, y que la presidenta interpreta como la preparación del terreno para generar situaciones de caos.

El círculo vicioso se retroalimenta

Para hacer políticas contracíclicas se necesita dinero, y ahí es donde reside la explicación sobre por qué los viejos remedios ya no resultan.

En 2009 las “cajas” estaban todavía a disposición. De manera que podía expandirse el gasto público sin que ello implicara “matar” al sector privado ni caer en una dependencia absoluta del Banco Central.

Hoy, en cambio, no hay forma de incrementar el gasto sin que esto implique acelerar el ritmo de la “maquinita” de emitir pesos en el mercado.

Hablando en números, el economista Miguel Angel Broda se escandaliza por lo que considera “un aluvión de pesos” en camino, luego de la modificación del presupuesto, que agregó $ 152.000 millones –unos US$ 18.000 millones, al cambio oficial- al gasto público.

Y hace un pronóstico inquietante: la expansión de la moneda, que a comienzos de año crecía a un ritmo de 16% o, apunta a un 35% para fin de año, con lo cual, a decir de Broda, “vamos a añorar las tasas de inflación de poco más de 2% en julio y agosto”.

Este punto es crucial en las desventuras keynesianas del gobierno argentino liderado por CFK.

Mientras en 2009, al tiempo que expandió el gasto, la inflación se desplomó hasta un 15, ahora no hace más que subir.

Los economistas advierten que es ahí donde está el drama del “modelo contracíclico”: la culpa es de la propia política. Cristina defendió el incremento del gasto de 44% en el primer semestre, como elemento reactivante de la economía. Pero el remedio, ahora, no hace más que empeorar la enfermedad.

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