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Chingas vs Camalas, bandas a la uruguaya

Se identificaron también otras bandas y está previsto extender la intervención estatal que hoy se realiza en Casavalle a otra decena de lugares en los que se identificaron grupos con características similares

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26 de agosto de 2018 a las 05:00

Para la policía, la lucha entre las bandas de los Chingas y los Camalas en Casavalle se ha convertido en la principal fuente de violencia y crímenes en la periferia de la ciudad, y si bien les reconocen a ambos grupos ciertos niveles de organización, las autoridades uruguayas no creen que se esté ante entidades típicas del llamado "crimen organizado".

Estas consideraciones fueron realizadas por una delegación uruguaya integrada por dos efectivos de Inteligencia carcelaria ante el Programa de Asistencia contra el Crimen Transnacional Organizado (Paccto), una entidad financiada por la Unión Europea que destinó US$ 19 millones para estudiar el crimen organizado en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Hoy gestiona más de 80 proyectos de cooperación en todo el mundo, sobre todo en Latinoamérica, Norte de África-Oriente Medio y África Subsahariana.

La ponencia de Uruguay incluyó otro asunto de seguridad, como los robos a cajeros automáticos, caracterizados como la última modalidad delictiva que llegó desde el exterior de la mano de delincuentes chilenos.

Guerra

El informe que dieron los uruguayos en la última reunión del grupo y al que accedió El Observador destaca la guerra de Casavalle como el pico de violencia entre bandas criminales que tienen su símil en otras naciones de la región con los ejércitos carcelarios o las maras (pandillas) en Centroamérica.
"Los llamados 'Los Chingas', son una organización de delincuentes vinculados al narcotráfico, cometen diversos delitos en la capital del país (copamientos a fincas y expulsión de familias para depositar armas y drogas).

Actualmente este grupo está en conflicto permanente con los llamados 'Los Camala'. Dichas bandas han sembrado el terror, luchan por apropiarse de distintas zonas en la capital" y, según autoridades, su enfrentamiento lleva ya medio centenar de víctimas en un par de años. De hecho, la intervención estatal que tiene lugar en estos días en Casavalle se piensa extender a más de una decena de lugares que presentan características similares.

"Se han identificado otras bandas criminales que pretenden actuar con impunidad en 'zonas liberadas' determinadas de Montevideo, en donde venden droga, alquilan armas, cometen homicidios por encargo, y prestan todo tipo de servicios criminales", dice el informe uruguayo ante el Paccto.

Los criminalistas llaman Bacrim (bandas criminales) a organizaciones que tienen determinadas características. Una de ellas es ser reclutadores de mano de obra barata entre adolescentes marginales.

Sin embargo, no todas las definiciones que se hacen a nivel internacional coinciden con las características de las bandas uruguayas.

"Aquí estos grupos, como los Chingas o los Camalas, operan en un entorno tal de pobreza y marginalidad que no son capaces de establecer estructuras permanentes", dijo un oficial que trabajó en el informe.

Agregó que es difícil que un líder dure mucho en ese lugar. En ocasiones cae preso, o es asesinado por integrantes de su propia banda, en general muchachos cada vez más jóvenes, incapaces de delinear una estrategia a largo o mediano plazo, según consideró el oficial.

En su momento, el ahora extinto director nacional de Policía Julio Guarteche había dicho que "de la acción individual y la asociación circunstancial se ha pasado a un crecimiento, con la conformación de grupos más o menos estructurados, aun cuando el individualismo y la asociación circunstancial todavía permanecen".

En esa línea, se refirió a la "influencia del ambiente carcelario" y en particular a la "convivencia de delincuentes nacionales con extranjeros en otros países".

Delito de exportación

Precisamente otro tema que tocó la delegación uruguaya ante el Paccto fue el de las modalidades delictivas introducidas al país por delincuentes extranjeros, y se extendió sobre el robo a cajeros automáticos.

En ese sentido manejó algunas cifras oficiales. Entre octubre y noviembre de 2017 en seis ataques se llevaron $ 4.837.200 y US$ 25.100, mientras que en 12 atentados de 2018 los montos robados fueron $ 11.632.300 y US$ 107.400.

La policía atribuye este delito a los "movimientos migratorios" y menciona al pasar la rapiña al hotel Conrad por parte de un comando integrado por mexicanos.

Asimismo, aseguran que algunas características que adoptó el narcotráfico local –como determinadas formas de ejecución y la presunta desaparición de personas– fueron copiadas de los traficantes mexicanos y colombianos que están en las cárceles uruguayas. Unos 300 presos extranjeros están recluidos en Uruguay, en su mayoría por delitos vinculados a las drogas.

En el caso de los robos a cajeros automáticos, atribuye su llegada al país a un grupo de chilenos que perpetraron estos primeros atracos, emulados luego por delincuentes locales.

Según describe el informe, se trataba de un primer equipo "encargado de explotar el cajero, integrado por 3 a 4 miembros de nacionalidad chilena, quienes previo a uno de los hechos se movilizaban en un vehículo Sedan de color oscuro lejos del lugar."

Un segundo equipo "integrado por dos uruguayos, que circulaban en una moto, los cuales horas antes del hecho realizaban recorridas por la ciudad, en puntos estratégicos para asegurarse el lugar donde actuaría el primer equipo y su posterior fuga". Y un tercer equipo con "otros dos individuos de los cuales se carece de mayor información, se trasladaban en una moto de alta cilindrada que realizaba reconocimiento en las inmediaciones, y serían quienes se encargan de retirar el botín de forma rápida del lugar".

En principio cayeron seis chilenos y tres están requeridos. Las explosiones en los cajeros "coinciden exactamente con la fecha de ingreso de estos ciudadanos chilenos, los imputados, entre octubre y mediados de noviembre de 2017 y a partir del presente año".

Los elementos utilizados para hacer explotar los cajeros automáticos son gas acetileno más oxígeno, y la tarea de la voladura, el robo y la huida, puede llevar cinco minutos.

"El uso de gas inflamable puede tardar más tiempo, en algunos casos se aplicó a través de una manguera de más de 25 metros que fue introducida al compartimento donde se aloja el dinero", dice el informe policial uruguayo. "Ahora ya dejó de ser algo de exportación porque en la cárcel se aprende rápido, y los últimos casos son de grupos de uruguayos", dijo el oficial.
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