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Las tareas de rescate continuaban en el nordeste brasileño, arrasado por lluvias e inundaciones que dejan al menos 45 muertos desde el sábado, y la preocupación sigue siendo localizar a cientos de desaparecidos, señalan las autoridades.


Los socorristas trabajan intensamente con maquinaria y perros entrenados para encontrar a las más de 600 personas que permanecen sin ser localizadas.

En la tarde, la Fuerza Aérea consiguió rescatar a 74 familias que habían quedado aisladas desde el sábado en el poblado de Santa Polonia, en Alagoas, informó la agencia oficial de noticias de ese estado.

Si bien las lluvias comenzaron en el estado de Pernambuco, Alaogas se llevó la peor parte por el desborde del río Mundaú, que arrasó poblados enteros, constataron periodistas de la AFP.

Las localidades de Branquinha y Rio Largo en Alagoas fueron dos de las más afectadas por el desastre.

Con toneladas de barro cubriendo lo que antes eran calles, casas, hospitales, iglesias y comercios, los vecinos intentaban este miércoles limpiar y rescatar alguna de sus pertenencias.

Pedazos de muebles, ollas, ropa y objetos personales destruidos yacen al aire libre luego de que las casas fueran literalmente arrasadas por la fuerza de los ríos Mundaú y Branca, que prácticamente cubrieron las viviendas.

El domingo "a las cinco empezó a subir el agua. El que no se fue a las diez (de la noche) se murió", dijo a la AFP Olivaldo da Silva, de 47 años, que subido a una escalera intentaba limpiar el techo de su casa en Branquinha, a 80 km de Maceió (capital de Alagoas).

En Rio Largo, a 40 km de Maceió, Cisera Duda, de 39 años, mostró a la AFP las pocas cosas que pudo salvar del agua: su perro, su pájaro y un colchón difícilmente recuperable.

"Conseguí salvar algo, pero no logré sacar casi nada de la casa", afirmó.


Las dificultades de los socorristas para acceder a sitios aislados alimenta el temor de que la cifra de muertos se dispare cuando las brigadas de rescate alcancen esas zonas.

"Esperamos que las personas que están desaparecidas sean encontradas lo más rápido posible, pero es posible que más personas hayan fallecido. Por eso es importante la llegada de perros para sacarnos esa duda", dijo a la prensa la alcaldesa de Branquinha, Ana Renata Freitas Lopes, quien fue, ella misma, rescatada de las aguas.

Este miércoles llegaron los primeros hospitales de campaña a Branquinha, y médicos destacados al lugar explicaron que se trata de construcciones destinadas a primeros auxilios. El barro y el agua encharcada, así como la escasez de agua potable, aumentan el riesgo de propagación de enfermedades infecto-contagiosas.

Las autoridades iniciaron una fuerte campaña de donación para los damnificados, que ya superan los 180.000. Toneladas de alimentos, medicamentos, colchones y abrigos llegan de distintos puntos del país, y en algunos lugares, la distribución se hace solo mediante helicópteros.

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva sobrevolará el jueves las zonas inundadas, mientras el gobierno afirmó que destinará 55 millones de dólares para los estados afectados.

El ministro de Defensa, Nelson Jobim, sobrevoló este miércoles la región y afirmó que su secretaría y el Ejército montarán un esquema para apoyar a las víctimas y reconstruir las ciudades.

"Primero, debemos rastrear los locales para ubicar a los desaparecidos. El próximo paso es retirar a las personas aisladas. Para eso, deben ser preparadas habitaciones provisorias, como espacios colectivos y tiendas, con distribución de alimentos de consumo inmediato", afirmó Jobim citado por la oficial Agencia Brasil.

En Pernambuco, donde se originaron las lluvias y crecientes, 16 personas murieron, casi 18.000 están sin vivienda y más de 24.000 debieron ser evacuadas, según la Defensa Civil.

En Alagoas en tanto, 29 personas fallecieron, más de 26.000 perdieron sus casas y casi 50.000 han sido evacuadas.

Brasil, un gigante de 8,5 millones de km2, tiene regiones de clima tropical que suelen verse afectadas por lluvias e inundaciones. Pero el 2010 ha sido especialmente duro para el país sudamericano.

De hecho, los brasileños mantienen fresco el recuerdo de los terribles desmoronamientos de 'favelas' en Rio de Janeiro y ciudades aledañas en abril, 1una catástrofe que dejó una cifra indeterminada de muertos bajo el barro y los escombros, cientos de desaparecidos, y 229 cuerpos recuperados.

(AFP)

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