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En noviembre de 2004, cuando Danilo Astori como ministro designado estaba diseñando el equipo económico del primer gobierno de izquierda, el entonces senador más votado, José Mujica, reclamó un lugar para el MPP en ese ministerio y dijo que “sería inteligente” que el líder de Asamblea Uruguay lo aceptara. “Ganaríamos todos en tranquilidad. Yo apuesto a la inteligencia de Astori, que es muy inteligente”, señaló Mujica en ese momento.

Mujica perdió en la idea de que Guillermo Pomi fuera presidente del Banco República, así como en otras tantas batallas del primer gobierno de izquierda (ver recuadro).

“Me ganó Harvard”, dijo un par de años después, cuando no le aceptaron el proyecto del MPP por las deudas del agro.

Desde allí en adelante quedó la idea en el Frente Amplio de que la conducción económica era hegemonía absoluta del astorismo y que eso no se podía tocar. Mujica previo a las elecciones del 2009 alentó eso. Dijo que la economía estaría en manos del vicepresidente y basó la campaña en ello.

Hace muchos años que Mujica habla de la “dependencia” entre ambas figuras. “A mi juicio la relación (con Astori) queda mejor de lo que estaba, con una conciencia más lúcida de la mutua dependencia y, por qué no, de la amistad que debemos mantener”. Mujica dijo esa frase en 2005, a penas comenzaba el primer gobierno de izquierda y un día después de haber desactivado la primera bomba: Astori, ministro de Economía, había amenazado con renunciar por diferencias en el presupuesto para la educación.

Pero desde el 2010 en adelante ya con el gobierno de Mujica instalado, la realidad empezó a cambiar. El presidente armó un equipo económico alternativo en la Torre Ejecutiva, liderado por Gabriel Frugoni (director de la OPP), Jerónimo Rocca (subdirector de la OPP y co-creador de la reforma tributaria), Pedro Buonomo (primero fue viceministro de Economía y ahora asesor presidencial). Todo eso además con la presencia política del ahora secretario de la Presidencia Homero Guerrero y del prosecretario Diego Cánepa.

El bombardeo al astorismo –a los que ahora de manera informal y despectiva lo llaman los “legítimos”– fue de a poco. Al principio eran comentarios críticos a la prensa sin nombre y apellido o filtrando información que los perjudicaba.

Luego dieron un paso más y empezaron a dar la cara en las críticas. Frugoni salió varias veces a la prensa. Buonomo incluso renunció como subsecretario de Economía tras varios encontronazos con el ministro Fernando Lorenzo. Uno de ellos fue por el dólar, al igual que una vieja disputa del gobierno anterior entre Mujica y Astori.

El tercer paso fue el más “doloroso” para los astoristas: el Impuesto a la Concentración de los Inmuebles Rurales (ICIR). Ese impuesto lo sintieron como una injerencia directa en la economía.

Lorenzo entre tanto, fue cediendo en algunas cosas. Por ejemplo, ante reclamos presupuestales no puso coto –algo que Astori sí había hecho en el gobierno pasado– y hoy el déficit fiscal está en 2,8% del PIB muy por encima de lo previsto (1,7%).

También la inflación está elevada y la competitividad de los exportadores comprometida por el valor del dólar.

Pero no solo los indicadores han complicado los últimos meses de Lorenzo. El caso Pluna fue el golpe más duro y el ministro de Economía es indagado por la Justicia.

Golpeado por ello y por varios reportajes en la prensa de otras figuras de gobierno criticando a su equipo, Astori se cansó y salió con fuerza lunes y martes a pegarle al mujiquismo.

La caída del ICIR tras la declaración de inconstitucionalidad por parte de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), fue la oportunidad para luego de varios meses de reveses pasar al frente. Pero eso despertó la ira del presidente (ver página 3).

Ahora si quedaban dudas, lo que Mujica hizo explícita es la existencia de las dos visiones de la economía conviviendo y ambas con poder. Ya no son ni “legítimos”, ni “paralelos” y deberán compartir el poder.
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