Saltre convocó para acompañarlo en el trabajo de Kentilux a quien fuera uno de sus profesores, Miguel Causa (61), quien aportó sus conocimientos y experiencia.
Al año siguiente, Saltre y Causa comenzaron a trabajar en un proyecto en la zona de Kiyú, también en San José, que hoy tiene un contrato con UTE. Pocos meses después, en agosto de 2010, decidieron fundar juntos la empresa Ventus.
Este nuevo parque de 50MW fue construido junto al grupo español Cobra y Ventus participó en la macrolocalización, campañas de medición, evaluación energética, estudios ambientales y diseños del parque eólico.
En la actualidad, Ventus se ha convertido en una consultora en ingeniería, que tiene como vedette a la energía eólica. A Saltre y Causa, se sumó un excompañero de estudios, Francis Raquet (30), luego de que Ventus realizara un trabajo para la manufacturera de tops de lana Engraw, en la que trabajaba. Los tres, hoy en día, trabajan como socios.
Una industria, un molino
Aunque al principio parecía una iniciativa algo alocada, incluso para estos emprendedores, aceptaron el desafío de instalar un aerogenerador para autoconsumo en la industria textil de Fray Marcos, Engraw.
A principios de 2011 se realizaron las inversiones para instalar torres de medición y evaluar el potencial del viento en la zona.
El proyecto, que finalmente se concretó, comenzó a suministrar energía a Engraw en octubre de 2012 y los excedentes son vendidos al mercado eléctrico. Se trata de un solo aerogenerador instalado en el kilómetro 100 de la ruta 7.
Según Raquet, el proyecto de Engraw causó “un poco de revuelo” a nivel industrial. “Parecía que los números no cerraban por ningún lado, pero viendo que la empresa tenía muchos impuestos por exonerar, todo empezó a cerrar muy bien. A eso se suma que los costos de energía eléctrica del país han subido mucho”, agregó.
El aerogenerador le permite a Engraw, desde octubre del año pasado, una disponibilidad energética superior al 70% de la energía que consumía la fábrica antes de la instalación.
Camino integral
Los socios se encargan de aclarar que Ventus es una empresa consultora. Una de las instancias más importantes de trabajo, señaló Saltre, es la medición del recurso eólico con anemómetros, que permite conocer cuánta energía se va a generar. La inversión de la torre de medición, aclaró el emprendedor, es pequeña comparada con el resto del proyecto: ronda los US$ 50.000.
Luego viene el trabajo de obtener permisos (intendencia, los referidos al mercado eléctrico y del Ministerio de Industria), incluso medioambientales, si se requieren. Saltre explicó que actualmente, la reglamentación uruguaya solicita ese tipo de permisos en parques de más de 10 MW. “Una máquina anda en el entorno de 2MW, así que para parques de hasta tres aerogeneradores no se necesita”, indicó.
Todos esos pasos, explicó el equipo, son desarrollados íntegramente por Ventus.
“En nuestros proyectos hemos hecho de todo, desde ayudar al cliente a visualizar el negocio, armar un plan financiero, mostrarle las ventajas y luego la ejecución completa”, explicó Saltre. Raquet agregó que se encargan no solo hasta que la máquina entra en funcionamiento, sino que realizan todo el seguimiento. “La idea es ser una especie de socios en toda la vida útil del proyecto”, aclaró.
Los costos de los proyectos están fuertemente condicionados por la cantidad de aerogeneradores que requieran. “Entre el 60% y el 80% del costo corresponde a la máquina”, indicó, pero aclaró que la obra para conectar un aerogenerador sirve hasta para 15 más.
Raquet agregó que al cliente se le presentan distintos presupuestos, con servicios de distintas empresas, y que Ventus se encarga de aconsejarl en base a su experiencia. Saltre explicó que se encargan de buscar siempre nuevos proveedores. “En eso no ganamos nada en sí, pero creemos que nos hace más competitivos o que podemos dar un servicio mejor”, dijo.
Para la venta segura
Uno de sus argumentos fuertes para la venta, es que la instalación de un parque termina siendo un negocio para el empresario industrial. Dependiendo de los casos, puede generar rentabilidades interesantes. “Los negocios de energía son tradicionalmente seguros y de largo plazo”, aseguró Saltre.
Los socios agregaron que para el industrial es una ventaja saber que por 20 años un porcentaje de su energía va a tener un precio fijo, porque no la va a comprar más, la va a producir él mismo.
Además, explicó Saltre, genera una imagen de compromiso con el medio ambiente, por tratarse de energías renovables.
“Existe una organización mundial, llamada Windmade, que certifica productos o procesos que consuman energía eólica”, indicó Saltre y agregó que Engraw fue miembro pionero de esa organización junto a otras grandes multinacionales como Motorola, Bloomberg y Lego. “Es algo que en Uruguay hoy no tiene tanto valor, pero para el resto del mundo y cada vez más, el mensaje de que se vende un producto amigable con el medio ambiente, suma”, explicó.
Entre otro de los beneficios, estos, como otros proyectos de inversión, aplican a la ley de promoción de inversiones para obtener exoneraciones de impuestos como el IRAE o el impuesto al patrimonio y que aunque se evalúa caso a caso, la instalación de aerogeneradores puntúa bien.
A esto, Raquet agregó que todos los proyectos en los que trabajaron tuvieron mucha facilidad para obtener préstamos del Banco República. Y aunque manifestaron que son proyectos muy intensivos en inversión de capital, los costos de operación y mantenimiento son bajos (ver cifras).
Un camino amigable
Como todo proyecto grande, se encargaron de aclarar los socios, tuvo dificultades, fundamentalmente porque les ha tocado ser el primer proyecto de su tipo en Uruguay. Justamente por ser pioneros, tuvieron que enfrentar algunas demoras en los trámites, pero las asumieron con naturalidad, porque entendieron que se trataba de algo normal para su situación.
Raquet indicó que los emprendimientos de energía eólica están tan bien vistos por la población, las intendencias y el gobierno, que se les abrieron varias puertas.
“Tuvimos la suerte de encontrar personas con buena disposición a nivel de intendencias, ministerios y UTE, que encontraban la vuelta o nos asesoraban para superar los inconvenientes”, explicó.
Además, Raquet agregó que , también se abrieron muchas puertas a nivel de las industrias, por ejemplo con Conaprole, con la que trabajan hace más de un año realizando mediciones en sus plantas y que puede llegar a instalar hasta siete aerogeneradores solo para su consumo.
Saltre manifestó que “son proyectos que están alineados con la política energética de Uruguay, entonces se buscan las soluciones”.
Apostando a crecer
Los socios aseguraron que una de las apuestas a futuro es lograr trascender las fronteras. Aclararon que han realizado algunos trabajos en Argentina, pero que están buscando las formas de salir de forma más ordenada con servicios puntuales.
Entre las dificultades para lograr este objetivo, los socios señalaron la crítica situación económica política que enfrenta Argentina, las dificultades que impone Brasil si no están instalados en ese país y la excesiva oferta y escasa demanda de este tipo de proyectos en Chile.
Entre los proyectos futuros, el equipo de Ventus señaló que el año pasado surgió como inquietud la instalación de un aerogenerador propio para vender el 100% de la energía que se genere. Les fue aprobado un financiamiento para la ejecución, pero luego, otras personas manifestaron interés de invertir. Lo que era un solo aerogenerador pasó a ser un parque de cuatro, apoyado por 16 accionistas. Para la ejecución, que comenzará en la segunda mitad del año en la ciudad de Libertad, San José, se está creando un fideicomiso.
“No solo estamos haciendo ingeniería, estamos invirtiendo porque realmente estamos convencidos de las posibilidades de este negocio”, señaló Saltre.