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Uruguay se despide de la cancha. Los jugadores levantan los brazos al cielo. A su alrededor miles de personas trasladan al campo de juego una ilusión: “Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como la primera vez”.

Nadie les quita el sueño. Nadie lo puede apagar. Jugadores e hinchas unidos bajo una misma pasión.

Uruguay, después de vencer a Perú 2-0, se volvió a meter en otra final de la Copa América de selecciones. Lo logró basado en su estilo. Por la convicción de su entrenador. Por el convencimiento de sus jugadores de llevar adelante cada estrategia diseñada en controlar primero al rival de turno y luego en lastimar. Y con un Luis Suárez que se transforma en el jugador de la Copa América.

Después de todas las declaraciones previas y las sospechas sobre la forma en que se iba a parar en el campo y quién asumiría el protagonismo, la realidad en la cancha marcó ciertas tendencias. Uruguay se paró con tres hombres en el fondo y ocupó el ancho de cancha con Maxi y Palito Pereira sobre las bandas.

Tabárez entendió que tres atrás eran suficientes para controlar al único hombre en punta de Perú que no tomó la iniciativa. La volvió a ceder. Y Uruguay fue. Con precauciones pero fue a buscar. Para colmo los primeros minutos le marcaron una realidad: el fondo peruano trasmitía inseguridad. Y comenzó a sufrir cuando se lanzaron los celestes por las bandas y ante cada envío aéreo. A los siete minutos Forlán ejecutó una falta, la defensa restó desesperada y el balón le quedó a Suárez que de aire le pegó desviado.

A los 15 minutos obligó Palito Pereira al golero luego de que Suárez peinara el balón en un lateral.

Los peruanos devolvieron gentilezas a los 23 minutos cuando Vargas, volcado por la izquierda como en aquel primer partido de la serie, desbordó y el centro no lo pudo conectar Advíncula. Pero claro, el equipo de Markarian tenía su libreto armado y no se apartó. Lo aplicó en el primer partido. Aguardó con dos líneas de cuatro. Esperando que Uruguay mordiera el anzuelo.

Sobre la media hora quedó la sensación de que le cometieron penal a Sebastián Coates. Y Uruguay no tuvo más remedio que vestirse con la ropa que le incomoda. La del ganador. Inclinó definitivamente la cancha. Contó con otra donde Suárez no alcanzó a definir.

Convengamos que el partido no fue bueno y que ambos equipos mostraron poco pero dentro de la pobreza el que contó con más situaciones fue Uruguay.

El intrascendente juego se trasladó al segundo tiempo, entre ese querer ir pero no me animo uruguayo y esa espera paciente peruana.

Pero Forlán sacudió el partido a los 52 minutos. El rubio encaró en diagonal y buscó su perfil. Sacó un remate bajo, peligroso, el golero restó y Luis Suárez, sin ángulo, generó la locura uruguaya.

Perú perdió el norte. Y terminó de firmar su derrota cinco minutos después. Una pared entre Gargano y Palito Pereira, el último metió una pelota profunda a Suárez y el salteño que se fue expresó al arco. El golero quedó por el camino y la pelota suave infló la red.

Esto resultó un golpe tremendo para un equipo peruano que no tenía propuesta. Un golpe como para no levantarse. Entonces el juego cambió considerablemente. Y si algo tienen los equipos de Tabárez es el aplomo necesario para manejar este tipo de situaciones. El juego fue por el camino de la tranquilidad y hacer despertar la desesperación en un rival que no tenía respuestas ni en las tribunas.

Para colmo de males a Vargas se le saltó la cadena con una falta de Lugano y en la siguiente le metió un codazo a Coates y el juez lo expulsó. Si parecía imposible que Uruguay perdiera, ahora se terminaba de consolidar la victoria.

La misión estaba cumplida para Suárez en cancha. Tenía amarilla y Tabárez ordenó su salida con la sana intención de cuidarlo. Mandó a Abel Henández y al todo terreno Eguren para cuidar el resultado.

Los peruanos amenazaron con algún que otro tiro de esquina incluso en uno donde ganaron pero la pelota encontró las manos de Muslera. Acaso la más clara fue un remate de Guerrero donde el golero contuvo de forma extraña y casi se le mete.

El tiempo se consumió. La gente se pone de pie. Levanta esta ilusión que se empezó a generar en el Mundial. Egidio levanta los brazos al cielo. Muslera besa los guantes.

Cáceres le da un beso a Palito, Abel mira y agradece a Dios. Entran los suplentes, se suman todos. Tabárez cruza la cancha saluda a Bengoechea y busca a Markarian. Y ahí van los brazos a la tribuna de los jugadores y el estadio se estremece con el grito ilusionado de un país.

Los celestes vencieron con autoridad a Perú y en una noche soñada de Luis suárez, autor de los dos goles, firmó la clasificación a la final

Primera derrota

El entrenador uruguayo que orienta a Perú, Sergio Markarián, dirigió este martes su sexto partido ante los celestes y fue el primero que perdió. Los encuentros que el técnico jugó contra su propio país fueron dirigiendo a las selecciones de Paraguay y de Perú.

El entrenador sufrió buena parte del primer tiempo por el rendimiento de su equipo. M. cerchiari, enviadoForlán corre a saludar a Suárez para festejar en la noche soñada del salteño.

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