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Tan es así que apenas se vieron jugadas de gol en ambos arcos –Nacional atacó aún menos que Peñarol y casi no tuvo llegadas de riesgo–, y una polémica en 90 minutos: un claro penal de Jesús Trindade sobre Pablo García que el árbitro Leodán González no percibió.

Una vez más parece que los clásicos rivales del fútbol uruguayo se ponen de acuerdo para jugar peor que en partidos anteriores. Se superan encuentro a encuentro.

Todo parece sumirse en la mediocridad. Todo es menos sencillo con la pelota en los pies. Todos (o casi todos) juegan a destruir, a defender, no a proponer, a hacer de un nuevo clásico una tarde gris. Muy gris.

Por eso cuando un Centenario casi lleno aprecia esto, cuando todos están en consonancia de que lo que están viendo es muy pobre, es mucho más sencillo observar y detenerse en quién es la figura, quién es el hombre distinto, el que pone la pausa, el que elabora alguna jugada, el que tiene convicción, el que desborda, el que levanta la cabeza y busca a un compalñero. En síntesis, el que no está contaminado.

Inés Guimaraens

De eso se encargó un chiquilín de 17 años y fue Facundo Pellistri, el mejor de un clásico que pocos recordarán, salvo por la lamentable lesión de Walter Gargano.

El joven, quien en este partido cumplió su partido 15 en Primera división, encaró con pelota dominada durante los 73 minutos que estuvo en la cancha hasta que Diego López decidió sacarlo “por un tema táctico”, según explicó en conferencia de prensa. No estaba cansado, pero según el DT, no cumplía con algún pedido suyo.

Pellistri hizo lo que quiso con Armando Méndez por su carril, desbordó por afuera, por adentro y buscó siempre a algún compañero. Salvo algún quite de Rafael García cuando se tiraba a sus pies, pocas veces pudieron pararlo.

Cuando López lo sacó, fue la mejor noticia para todo Nacional que lo estaba padeciendo.

Inés Guimaraens

El otro jugador que se destacó fue el también juvenil Matías De los Santos. El volante jugó sin fisuras en la marca y también en la gestación cuando debió hacerlo.

Aportó lo suyo jugando sin posiciones fijas en la mitad de la cancha y con mucho criterio.

Lo que quedó claro es que Peñarol tiene base. Estos gurises demostraron que no le pesan estos partidos y fueron de los pocos destacados.

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