Confección vanguardista para vestir a los más chiquitos
Con la apertura de un local en Punta Carretas, Catalina Bouza y Dean Xavier apuestan a imponer su novedosa marca de vestimenta infantil, con la mira puesta en abrirse un lugar en el competitivo mercado internacional
En un estandarizado mercado de ropa infantil, irrumpió Trommpo con una propuesta donde el valor agregado radica en el diseño. La iniciativa de Catalina Bouza y su marido Dean Xavier es romper la homogeneidad de la propuesta de vestimenta para niños, creando prendas de diseño, que a la vez sean prácticas y cómodas como lo requiere su público, que aunque bajo de estatura dista de ser pequeño, aseguró la diseñadora.
Hace poco más de un año trabajan en este proyecto y hace tres meses lograron abrir las puertas de su local en la calle Solano García, donde venden ropa para bebés y niños de hasta seis años.
Experta en moda femenina y habiendo probado suerte con otros proyectos de moda que considera parte de su aprendizaje, Bouza se animó a vincularse a la confección de ropa infantil luego que una amiga de su esposo la convocara a diseñar para su marca Jake & Maya en Londres.
Cruzó el océano y ya instalada aprovechó para hacer un posgrado en moda de mujer en el Central Saint Martins College of Art and Design. La experiencia de diseñar para el mercado europeo le posibilitó aprender los mecanismos de comercialización con los que se estila trabajar hoy. “Hay muchas multimarcas y varias que trabajan solo con ventas on line. Se trabaja a partir de muestras y se confecciona por pedidos para estas tiendas que compran marcas de distintos países. Está muy organizado el mecanismo, se respetan los calendarios y se vende a diferentes mercados”, explicó la diseñadora.
En el mercado externo, según la pareja, se valoran y distinguen las propuestas diferentes. “Al mercado interno le cuesta mucho porque se busca sobre todo la practicidad y el precio”, afirmó Bouza, quien considera que la experiencia en latienda hasta el momento es buena. “Tuvimos miedo al principio, pero nos lanzamos y nos asombró, por ejemplo, la respuesta de las abuelas”, contó.
Estos emprendedores se manejan mucho por el instinto. Afirman que sabían que se enfrentaban a un público amplio y muy variado; porque si bien el destinatario final es el niño, los compradores son adultos. “Para nosotros el fuerte está en los regalos y no tanto en la compra de las madres, que por lo general solucionan las necesidades por otro lado. La mayor parte de nuestras ventas son al entorno del niño, como abuelos, tíos y amigos”, explicó Bouza.
Recientemente se han puesto en contacto con la Cámara de Diseño, que los asesoró sobre organismos que apoyan a empresas y ahora tienen intenciones de aplicar para una ayuda en comercio exterior con Uruguay XXI. “Fuimos en julio a la feria Play Time en París a presentar la marca y queremos volver por los buenos resultados que tuvimos”, dijo Bouza.
La feria, a la que van marcas internacionales de ropa y decoración para niños, apunta a los compradores mayoristas de boutiques y a la prensa. Obtuvieron excelentes resultados, apareciendo en los reportes de WGSN y Stylesight, dos importantes empresas de investigación de tendencias que generan informes sobre moda. Trommpo fue elegida como marcadora de tendencia entre más de 300 marcas.
Además lograron pedidos de dos boutiques online de Corea del Sur y Estados Unidos, que entregarán en diciembre. Para la exportación decidieron emplear el mecanismo Exporta Fácil, un sistema para micro, pequeñas y medianas empresas que se realiza a través de servicios postales.
Poca tela para cortar
Según Bouza, en Uruguay es muy difícil conseguir telas porque no hay mucha producción. “No hemos descubierto suficientes fábricas proveedoras y no queremos ir a las importadoras que no tienen cosas de buena calidad”, dijo. Esta realidad les impuso tener que salir al exterior en busca del material, y trajeron algodón orgánico de Perú y telas estampadas de Brasil. En Uruguay trabajan con una sola fábrica que satisface su gusto por la calidad.
A esto se suma la informalidad del trabajo en la industria de la confección en Uruguay, explicó Bouza. Esta problemática la enfrentaron montando su propio taller. “Queremos producir desde aquí y adherimos a una forma ética de trabajo de no explotación”, señaló la diseñadora.