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En la ola de conflictos laborales que perturban el país en estos momentos, los relacionados directamente con la Rendición de Cuentas son un pernicioso ejercicio sin sentido, siempre y cuando el gobierno mantenga su anunciada decisión de no aumentar gastos más allá de los que ya incluyó en su proyecto presupuestal. De poco le sirvió al gobierno su intento de sortear planteos y reclamos con el envío apresurado del proyecto al Parlamento 10 días antes del plazo final, para evitarse negociaciones espinosas con los sectores del Frente Amplio más propensos al gasto desmedido y con el área sindical. Los paros y otras formas de arremetida igualmente arreciaron hasta en la arena política.

La Mesa Política del FA le encomendó a su presidente, Javier Miranda, protestar ante el presidente Tabaré Vázquez por la falta de consultas con la fuerza gobernante. Y por la misma razón el PIT-CNT convocó a paros y manifestaciones porque el gobierno no debatió la asignación de partidas con la central sindical. Su secretario general, Marcelo Abdala, acusó a la administración Vázquez de que “violó en forma consciente” el diálogo con los sindicatos. Los reclamos por mayor aumento del gasto público provienen de un vasto espectro del sector público y los sindicatos, en inversiones pero fundamentalmente en salarios. Piden partidas adicionales pero, como es usual, sin ofrecer fuentes viables de financiación. Solo se propone el curso contraproducente de incrementar impuestos, camino seguro a la caída de actividad y a la reducción del empleo.

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En respaldo a sus exigencias, los docentes reiteran paralizaciones que dejan sin clases a escolares y liceales y se suceden ocupaciones. Lo mismo hacen los funcionarios de la salud agrupados en ASSE y sectores de la salud del interior del país, en tanto COFE está también en pie de guerra. Sus embates se basan en previos éxitos en torcerle el brazo al gobierno, que más de una vez ha cedido ante las presiones.

Pero la situación parecería ser diferente ahora, porque el gobierno sabe que la estabilidad económica y el mantenimiento del grado inversor dependen de su capacidad para bajar el déficit fiscal, meta solo alcanzable en estos momentos con contención del gasto.

El proyecto de Rendición de Cuentas es un documento defectuoso y plagado de errores, incluyendo afectar nuestro comercio exterior con el aumento desmesurado de los aranceles de importación y el nuevo intento inconstitucional de dilatar indefinidamente el pago de juicios perdidos por el Estado, medida que violenta la división de poderes al ignorar fallos del Poder Judicial.

Pero al menos el gobierno limitó los aumentos del gasto discrecional a US$ 172 millones al comprometerse a no expandirlo más allá de esa cifra. De todos modos, aunque haya esquivado consultas previas en la interna frenteamplista y con el PIT-CNT, es incierto el futuro del proyecto en el debate parlamentario, en el que se harán sentir las presiones sindicales y políticas y saldrán a relucir los errores en varios artículos.

Pero como en materia de gasto el gobierno afirma categóricamente que se mantendrá firme en los niveles que ha propuesto, la sucesión de conflictos en reclamo de lo imposible se convierte en un gratuito castigo a toda la población, improductivo a menos que el gobierno vuelva a ceder y desbarranque el futuro del país.

Temas:

Rendición de cuentas PIT-CNT

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