Contaminación sonora: tercera causa de preocupación para montevideanos
El Municipio más ruidoso es el B, que incluye Cordón, Parque Rodó, Ciudad Vieja y Centro, entre otras zonas. En 18 y Ejido los niveles pueden llegar a 90 decibeles, en el rango considerado peligroso
En el año 600 antes de Cristo se promulgó la primera medida para silenciar los ruidos molestos: los broncistas de Sibaris estaban obligados a tener sus talleres fuera de la ciudad. Uruguay, unos 2.500 años después, no cuenta siquiera con una ley nacional reglamentada para la protección contra la contaminación acústica ni con criterios unificados entre los departamentos. Y eso que el ruido es internacionalmente reconocido como un factor contaminante, un tema de salud pública y vulnerador de derechos humanos.
Motos, ómnibus, alarmas, boliches, espectáculos y ensayos de Carnaval llevan al límite al oído humano. Y no es exageración. Distintas mediciones registraron 80 decibeles para el tránsito en 18 de Julio y Ejido durante el día y 90 decibeles para la bocina de un ómnibus, ambas dentro del nivel considerado peligroso.
La contaminación acústica ocupa el tercer puesto en el concierto de los temas más reclamados por los vecinos de Montevideo (después de arbolado y tributos). Sin embargo, el Defensor del Vecino, Fernando Rodríguez, sostiene que no hay una respuesta eficaz de la Intendencia ni del gobierno nacional, ni una consciencia social sobre el problema de salud pública que significa para la población (ver recuadro).
En respuesta, la Defensoría del Vecino, a través de su investigación Contaminación Sonora y Derechos Humanos, exhorta a establecer una política de “cero excepción”, con una suerte de “declaración de intransigencia frente al delito ambiental”.
Ruidos vecinales
El Municipio más ruidoso es el B. Es el que comprende los barrios Cordón, Parque Rodó, Palermo, Barrio Sur, Ciudad Vieja, Centro, parte de La Aguada, La Comercial y Tres Cruces. Según el estudio, en esa zona se registró el 23% del total de las denuncias por ruidos molestos recibidas por la Defensoría del Vecino. Le sigue el Municipio CH que incluye Pocitos y Punta Carretas, dos de los barrios más conflictivos en la materia por la alta concentración de boliches.
En 15 de los 18 centro comunales zonales de Montevideo la contaminación acústica se ubica entre las primeras cinco causas de disconformidad de los vecinos. Sin embargo, la actuación de la IMM dista de darle respuesta. Desde 2005, la comuna solo expidió 456 resoluciones por ruidos molestos (272 para multas y clausuras). Éstas representan el 1,2% del total de resoluciones. Además, a partir de 2008, la cantidad de multas más clausuras se reduce a menos de la mitad, pero crece notoriamente el número de clausuras, que luego se mantiene en el orden de 10 por año. En tanto, las multas se reducen a menos del 30%; se pasa de tener varias decenas de multas por año a tener menos de 10.
Esto se debe, según la Defensoría del Vecino, a que la IMM no cuenta con el personal acorde al volumen de trabajo. El Servicio de Instalaciones Mecánicas y Eléctricas (SIME) apenas puede gestionar en tiempo y forma el 15% de los casos. Y eso que no le corresponde controlar todas las fuentes de ruido. El tránsito y la publicidad rodante es competencia de la división de Tránsito. Los boliches le corresponden a Inspección General. Los municipios autorizan los decks y los parlantes en la vía pública. En síntesis, la investigación concluye que la falta de recursos humanos y la desconexión entre las oficinas municipales contribuyen a que se agreguen y persistan los rompe tímpanos.
Propuestas
La política de “cero excepción” que propone el Defensor del Vecino incluye el establecimiento de distancias mínimas entre locales para evitar zonas de saturación sonora. También la negativa a autorizar espacios “cómodos” fuera de los boliches para evitar la permanencia de público y que las autorizaciones para decks o ensayos de carnaval se revoquen automáticamente si reciben quejas. Respecto al tránsito, el Defensor del Vecino recomienda que los vehículos más ruidos paguen más impuestos y que los vehículos para publicidad móvil cuenten con un dispositivo que corte la emisión si se detiene.