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La trama no solo es muy parecida a las dos anteriores versiones (una de 1951, dirigida por Howard Hawks, y otra de 1982, dirigida por John Carpenter) sino que además la película explota la similitud con Alien, el octavo pasajero, pero la ambientación es en el Polo Norte. Un ser extraño llega en un plato volador hasta una base perdida en los hielos de una isla noruega en medio de la nada congelada.

Cuando un grupo de científicos lo identifica y se lo lleva a la base, “la cosa”, que parece muerta, comienza a mutar, se levanta y se escapa. A partir de entonces, el filme ofrece un despliegue de fórmulas clásicas de la ciencia ficción de terror que cumple a rajatabla.

Su título original respeta las versiones de Hawks y de Carpenter y el nombre en español se parece a aquellas viejas películas de los años 50. Muy apta para fanáticos del género, o quizá debería decirse, subgénero.
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