Costosa aventura separatista
Independencia de Cataluña causó conmoción política y económica en España
Es insensato lanzarse a una aventura que asegura pérdidas para todos. Es lo que ha ocurrido con los frustrados arrestos independentistas en Cataluña, causantes de profunda conmoción política y económica en toda España y de preocupado rechazo mundial, especialmente en la Unión Europea. La decisión del presidente Mariano Rajoy de intervenir esa región autónoma, con relevo de todas sus autoridades y convocatoria a elecciones en diciembre, cierra el capítulo de rebeldía pero no termina con agudos problemas que persistirán largo tiempo.
Por un lado, sobrevive el ancestral sentimiento independentista de buena parte de los catalanes, avivado desde el fin de la guerra civil española por las restricciones que le impuso el franquismo en represalia por la resistencia en esa parte del país. Por otro, 1.700 empresas, incluyendo sus principales
bancos, han abandonado Cataluña para escapar del revuelo y la incertidumbre creados por los acontecimientos que comenzaron con el referéndum del 1° de octubre y culminaron por la descolocada declaración de independencia del Parlamento regional el viernes pasado, que ningún gobierno reconoció. El éxodo amenaza el futuro de la más próspera región del país, con perjuicios en cascada para toda la economía española. Ha caído el habitual turismo masivo a
Barcelona y otras zonas y muchos residentes enfrentan el fantasma del desempleo.
El gobierno del destituido presidente catalán
Carles Puigdemont, ahora buscando asilo en Bélgica, anuncia resistencia a la intervención dispuesta por el gobierno central del presidente Mariano Rajoy, pero ha perdido la batalla. Lo confirmó la gigantesca manifestación popular del domingo contra el movimiento separatista que, de buscar tiempo atrás un referéndum sobre la creación de una república independiente, debe conformarse ahora con la elección de un nuevo gobierno autónomo. Los problemas seguirán por largo tiempo antes del retorno a la normalidad, tanto en el caldeado clima político como en el futuro de la economía. Pero todo indica que el enfrentamiento ya está definido y que lo que queda por delante es asegurar la calma estable. Aparte de los fogonazos que todavía puedan intentar, los separatistas solo tienen ahora la opción de participar en la elección de sus nuevas autoridades dentro de dos meses o boicotearla. En el primer caso, es improbable que logren mayoría. En el segundo, facilitarán el triunfo de los catalanes que quieren seguir siendo parte de España.
El separatismo ha estado presente en la historia de Cataluña, incluyendo otra efímera declaración de independencia en 1931, epilogada al año siguiente con un acuerdo de autonomía concertado con el gobierno republicano de Madrid para mantenerse como parte de España. El movimiento independentista no desaparecerá. Lo exacerbó la represión franquista y ha sido explotado en los últimos años por Puigdemont y otros muchos dirigentes políticos, en protesta por lo que consideran excesiva contribución financiera catalana al gobierno central para ayudar a las provincias más pobres. Pero finalmente ha triunfado la necesidad y conveniencia de la unidad nacional, impuesta por el gobierno central bajo una norma constitucional, ante la intransigencia del desacreditado Puigdemont. Con todo, los costos han sido y serán muy grandes para España y para Cataluña.