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El futuro de Brasil se oscurece por el asedio judicial que cerca a sus dos principales figuras políticas bajo graves cargos de corrupción, situación que complica a Uruguay y al resto de la región. El más comprometido es Inácio Lula da Silva, a la puerta de una larga condena de cárcel que puede convertirse en el golpe de gracia a su Partido de los Trabajadores (PT) y a las sólidas perspectivas que tenía el expresidente de volver al gobierno el año próximo. Entre tanto el presidente Michel Temer sorteó el primer escollo en un juicio de destitución gracias a su manipuleo de legisladores, pero sin aventar todavía el riesgo de perder el cargo.
Todas las encuestas daban a Lula como favorito a ganar la elección presidencial de 2018, que ya ocupó por ocho años durante el dominio político del PT que terminó con la destitución de su sucesora Dilma Rousseff.

Pero su destino depende ahora de que una cámara de apelaciones confirme o rectifique la condena a nueve años y medio de cárcel que le impuso el juez Sergio Moro, al declararlo culpable de pagar y recibir coimas millonarias vinculadas al escándalo de Petrobras. Entre los cargos figura haber favorecido indebidamente contratos con la constructora OAS, cuyo recordado retiro repentino de las obras de la regasificadora en la bahía de Montevideo marcó el comienzo del fin de ese proyecto.

Lula ha salido a defenderse con uñas y dientes, denunciando que se trata de un complot urdido para hundirlo, junto con su partido de izquierda. Tiene escaso fundamento, sin embargo, su acusación a Moro de ensañarse con él, ya que este indiscutido paladín judicial de la lucha contra la generalizada corrupción que corroe al sistema político ya ha mandado a prisión a connotados dirigentes de distintos partidos y diferentes ideologías y a prominentes empresarios. Temer, por su parte, utilizó el respaldo que aún tiene en los partidos de la coalición de gobierno para cambiar a integrantes de la comisión de Diputados a cargo de un fallo preliminar sobre su caso. En una turbia maniobra se las arregló para lograr el reemplazo de miembros de la comisión que le eran adversos con diputados mejor dispuestos. El resultado fue que la comisión, por 40 votos contra 25, recomendó archivar las denuncias de corrupción, aunque queda pendiente el pronunciamiento del plenario de la cámara.

Pocos dudan del fundamento de los cargos contra el presidente y el líder del PT, enmarcados en la notoria corrupción endémica en la mayoría del sistema. Pero la poderosa estructura que maneja la economía, especialmente en el polo industrial de San Pablo, claramente prefiere la continuidad de Temer porque, al menos, está empeñado en un duro ajuste fiscal y restricción del costoso sistema de seguridad social para sacar al país de dos años de recesión. Por otra parte, el regocijo empresarial e inversor con las tribulaciones de Lula fue evidente cuando, en cuanto se conoció la condena que le impuso Moro, hubo fuerte suba en la bolsa paulista y el real se fortaleció ante el dólar. Pero en el futuro inmediato y a mediano plazo campea una incertidumbre que posterga la recuperación de la mayor economía latinoamericana. Y mientras no se aclare el huracán político que sacude a ese país, las ramificaciones de esa postergación afectan adversamente a la región y especialmente a Uruguay, cuyas exportaciones a nuestro segundo cliente principal dependen de que Brasil recupere la estabilidad perdida.
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