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Como ya se está volviendo costumbre, Cristina Fernández de Kirchner abandonó el Salón de las Mujeres, luego de una cadena nacional de 40 minutos, para asomarse en uno de los balcones internos de la Casa Rosada. Debajo, la miltancia que colmaba el patio, entonaba “Vengo bancando este proyecto”, un clásico del cancionero camporil. La Presidenta marcaba el ritmo con su pie izquierdo. Pidió el micrófono. “"Ahora no hay que bancar al Gobierno, no hay que bancar a Cristina, hay que bancar a la gente, en la calle y en el territorio, para que no la saqueen”", reclamó en una virtual batalla contra los aumentos de precios en las góndolas.

Superada la etapa de silencio vacacional, en su regreso al atril hace dos semanas, Cristina Kirchner evitó hablar del dólar, pocas horas después de que el peso se devaluara 61 centavos, algo inédito en la década K. Con dos anuncios para inyectar dinero fresco al consumo, tradicional receta K ante las crisis (el aumento del 11,31% de la jubilación mínima y un incremento de $340 de ayuda escolar), ayer el discurso de la mandataria no sólo mencionó 21 veces la moneda norteamericana, sino que hasta se jactó: “"Ese tan meneado tema del dólar también, que dicen que no hablo”".

También hubo reparto de críticas por los aumentos de precios, a propios y ajenos por igual, sin carnet de peronista que los salve. La jefa de Estado arremetió contra empresarios y sindicalistas, personalizando en el líder de la CGT Balcarce, Antonio Caló, que a metros de la mandataria no pudo disimular su sorpresa. “"Yo no creo, como dijo Antonio, que ningún argentino esté pasando hambre"”, le lanzó al metalúrgico, sentado a escasos metros, recriminando su reciente sentencia: “"A la gente no le alcanza para comer”". Con un cortante “"hoy no voy a hablar”", el líder cegetista tampoco ocultó su enojo al irse.

El reto a Caló se trasladó al resto de sus pares, sin distinción entre aliados y opositores, como el camionero Hugo Moyano. “Los compañeros dirigentes sindicales plantean como solución el aumento de salarios y punto. "Deberían acompañar en cada supermercado a cuidar los precios"”, los reprendió.

"Acá hay varios empresarios, por favor no les mientan más a los argentinos"”, pidió Cristina Kirchner. Para envidia de Caló, aclaró: “"No hablo de los que están acá, por favor, hablo en general”". Y continuó: “"Del otro lado parece ser que sólo aumentan los precios. Pero sería bueno que también aumenten las inversiones porque los empresarios tienen asegurada la ganancia"”, reprochó en otro tramo. Y enseguida lo ligó con el dólar. “"Es necesario que en lugar de fugar las divisas al exterior, las reinviertan en el país, porque el país ha creído en ellos”. La Presidenta cerró el concepto con un llamado a construir “una burguesía con conciencia nacional”".

Más clásico, la embestida presidencial incluyó los habituales y variados reclamos contra la oposición, desde el ex gobernador Ramón Puerta (mostrando la tapa de Página12 que denunció trabajo esclavo en su campo misionero), pasando por el jefe de Gobierno Mauricio Macri (“Aumentamos el número de escuelas y de aulas para que nuestros chicos no tengan que ir a aulas containers”), al diputado radical Eduardo Costa (al reeditar la queja oficial por el costo del cemento en el Hipertehuelche de Río Gallegos) y a supermercadistas, laboratorios y piqueteros.

“"Hay tanta cadena de mala onda, del desánimo, a partir muchas veces de pronósticos y de cosas que finalmente nunca se cumplieron, que me pareció oportuna esta cadena"”, comenzó Cristina Kirchner, anticipando que se venía un discurso de barricada. Y así lo fue.

Esta nota fue publicada por El Cronista en su edición impresa y web de hoy, miércoles 5 de febrero.

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