Crónica de una muerte anunciada
Enviada especial, del escritor francés Jean Echenoz, es una novela de espías muy entretenida que a través del humor logra romper los límites del género
No es un secreto que la novela pasa por uno de sus peores momentos y que cada año se anuncia que su final está un poco más cerca, que la defunción es inminente. Hay quienes sostienen incluso que cada nueva generación de escritores es peor que la anterior, idea que explicaría el declive y que de ser cierta le augura al género un futuro nada prometedor.
Los franceses, expertos en cuestión perfumes, han sido los primeros en sentir el tufillo de la descomposición y se han apresurado a tomar medidas paliativas que se pueden verificar en los cambios que ha sufrido la obra de autores prestigiosos como Emmanuel Carrére o el propio Jean Echenoz, que han abandonado la ficción pura y dura para crear un híbrido que, si bien no llega a ser no ficción, se apoya mucho en la realidad.
En este sentido se pueden citar como ejemplos notables Bravura, El adversario, Limónov y El reino, de Carrére; o Ravel, Correr y Relámpagos, de Echenoz, una trilogía basada en las vidas del músico Maurice Ravel, el atleta Emil Zátopek y el ingeniero Nikola Tesla.
Enviada especial es si se quiere una vuelta de tuerca más al asunto, ya que, si bien no se apoya en personajes reales, sí lo hace en la espalda ancha de un subgénero como el de la novela de espías, al que parodia constantemente con fina ironía y muy buen humor. Cada capítulo presenta un cliché surgido de la guerra fría, que el lector reconoce al instante, a pesar de que la historia que se narra está ambientada en el presente.
Todo comienza con la decisión intempestiva de un general francés en declive de reclutar a una joven anónima, para después infiltrarla en la cúpula del régimen de Corea del Norte, donde deberá conseguir información para la comunidad internacional.
Pero lo importante aquí no es el objetivo sino el camino para llegar a él, que se inicia con el secuestro de Constance, que está casada con Lou, un músico en declive. Lo que sigue es un aquelarre de escenas ya vistas puestas del revés, desde el secuestro mismo hasta las técnicas para convencer a la chica de alistarse, que parodian a las del cinematográfico Jason Bourne.
También resulta descacharrante la relación entre los dos agentes y la secuestrada, que pasa del síndrome de Estocolmo al de Lima, por lo que todos se entienden con todos y la empatía deriva en un triángulo de insospechadas consecuencias.
Por otra parte se describe minuciosamente la vida de Lou, que tiene dinero pero añora la fama perdida de sus grandes éxitos musicales de antaño. Echenoz, que toca el contrabajo, demuestra aquí una gran sensibilidad para entender la mentalidad del artista, pero tampoco se priva de destrozarlo cuando hace que se niegue a pagar el rescate que se pide por Constance, una maniobra para despistar a posibles (e imaginarios) espías extranjeros que pueden estar operando en Francia.
Hay también un homenaje explícito al cine, con expresiones como "fundido en negro" a lo que sigue la ambientación de una escena donde se describen la iluminación, los tipos de planos y hasta la actitud física del protagonista ante el suceso que vive.
Hay que decir que la prosa de Echenoz es singular, tremendamente descriptiva, minuciosa hasta lo inverosímil. Pero, a diferencia de Patrick Modiano, otro gran descriptor que a veces llega a cansar pues se limita a eso, Echenoz siempre lo hace para hablar de algo más. Un ejemplo es un viaje en metro de Lou, donde el autor señala cada aspecto de esa rutina para luego apuntar como al pasar que ya no se puede mirar a la gente a la cara, ni siquiera a los niños.
Enviada especial se lee como una novela de espías pero se disfruta como una comedia de enredos muy divertida, que posterga un día más la anunciada muerte del género.
Enviada especial
Editorial: Anagrama
Páginas: 254
Precio: $990