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Soñando por cantar fue el tema indiscutido de conversación de las mesas familiares del fin de semana. Con gran éxito de rating –tuvo un promedio de 20 puntos, llegando a picos de 40— Uruguay rompió el récord de finalistas que pasaron a la siguiente fase: 10 en la primera fecha y 9 en la segunda.

A diferencia de la noche inaugural, el viernes el jurado se animó a hacer devoluciones más críticas e incluso a reprobar a participantes con varias “palancas” bajadas, parte de la mecánica del certamen televisado.

El 17 y 18 de mayo se realizará el programa en Paysandú en el Anfiteatro del Río Uruguay. En caso de lluvia se cambiará la locación al Estadio 8 de Junio.

El formato de Soñando por cantar complementa a su segmento madre, Cantando por un sueño, donde el ganador podrá mostrar su talento junto a figuras del espectáculo en el programa central conducido por Marcelo Tinelli.

Sin embargo, este tipo de programa que une la búsqueda de talentos y el reality no es el primero que aparece, y hay algunos matices que lo diferencian de otros que funcionan de forma diferente —y de acuerdo a otras idiosincracias, pareciera— en otras partes del mundo.

De formatos y jurados
El reality en modo “concurso de canto” llegó a Argentina en 2001 con Popstars. Por medio de castings y audiciones se realizaba una preselección de 20 participantes, que luego ingresaban a una casa/taller, donde se les enseñaba canto y baile.

En busca del próximo grupo de pop femenino y siguiendo el clásico modelo de 5 voces, en la primera temporada nació Bandana, y al año siguiente -y en el cual llegó a la preselección el uruguayo Alejandro Zanzi- surgió Mambrú.

Pero esta tendencia global empezó en 1985, cuando comenzó a transmitirse en Estados Unidos Star Search, un programa de talentos que incluía el canto, el baile y la comedia, y que duró más de 10 años en el aire. Dentro de la categoría del canto participaron unos jovencísimos Justin Timberlake, Alanis Morissette y Beyoncé.

El formato Popstars fue probado por primera vez en 1999 en Nueva Zelanda y sirvió de inspiración para el inglés Pop Idol, que luego dio lugar al ultra exitoso American Idol.

Parecido pero diferente a Cantando..., el Idol también se basa en audiciones masivas, preselecciones y rondas de eliminación para llegar al programa central, donde los concursantes se presentan en vivo frente al jurado y los espectadores.

Con el ácido y en personaje de “malo” Simon Cowell —un productor inglés que se hizo famoso en American Idol— como cabeza de jurado, Pop Idol duró solo dos años en Inglaterra, pero del otro lado del Océano Atlántico ya lleva 11 temporadas consecutivas.

Aquí el jurado hace devoluciones —en las cuales Cowell tuvo especial destaque por su acidez y falta de delicadeza—, pero no decide el ganador. Es el público a través de su voto quien dictamina.

La empresa fundada entre Cowell y Sony Music Entertainment, SYCO, creó en 2004 para la televisión inglesa The X Factor, un programa en principio más centrado en el perfil agresivo de este jurado. Con 8 temporadas y una reciente versión estadounidense, el programa busca a la estrella pop “completa”. A los ojos de este formato, esto es: con habilidades vocales y apariencia. En la semifinal se separan los participantes en categorías: chicos, chicas, mayores de 30 años y grupos y el ganador también es elegido por el público.

Otro formato fue Operación Triunfo. Creado por Endemol y con versiones en varias partes del mundo, y que también tuvo en Argentina gran éxitoentre 2003 y 2006, y con una final en 2009. Su funcionamiento era similar al de Idol: galas de eliminación, jurado incisivamente crítico y audiencia votante, además de unir el factor “Gran Hermano” de vivir en convivencia y realizar talleres de canto y baile.

SYCO en 2007 creó el formato Got Talent, que tuvo su propia versión en Argentina con Talento Argentino. Aquí la premisa es la búsqueda de talento tanto en el canto como en el baile o la comedia. El jurado se encarga de aprobar o reprobar a los participantes durante su presentación, y el nivel de exigencia es más alto, además de que se prescinde de las escenas emotivas.

La emoción también participa
En este tipo de programas, que tienen el reality en su definición, la emoción o la “historia de vida” es explotada en mayor o menor medida.

En algunos formatos lo que prevalece es el talento, pero siendo el público quien tiene la palabra final no se puede negar que una buena historia, así como la afinidad con la audiencia, ayudan a llegar a la final. En el caso del Soñando es parte casi que de cada espacio de cada participante, algo que tiene hasta su propia banda de sonido en un tristón y repetitivo piano que suena incluso segundos antes de que el concursante pueda siquiera hablar. Ya lo dijo el mismo Lerner, aconsejando al concursante Diver Martinez, “emocionate todo lo que quieras”. Todo es parte del itinerante show de sueños cumplidos por y para la TV.

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