Cultura de trabajo
La directora de El Dorado, Susana Polakof, reflexionó sobre su rol en la empresa y el destino de la cadena de supermercados
Si hay algo que está arraigado en la familia de Susana Polakof es el trabajo. Sus abuelos pisaron Montevideo en 1928 escapando de la hambruna que por esos años azotaba a Ucrania. Una vez instalados, hicieron lo que sabían: trabajar como comerciantes.
Cuando el padre de Susana -Tobías “Tito” Polakof- era niño, se enfermó de neumonía y los doctores le recomendaron que cambiara de aire, por eso la familia tomó la decisión de partir hacia Maldonado.
En 1929 Tobías fundó El Dorado, introduciendo la figura de los supermercados en el interior del país, cuando solo existían almacenes.
Hoy Susana Polakof es directora de la cadena, que cuenta con 49 sucursales, y su padre es recordado en el departamento como un personaje emblemático.
¿Trabajar en el negocio familiar fue una imposición de su padre?
Toda la vida dije que no iba a trabajar en el comercio porque era esclavizante, pero siempre me preparé para ello. Te tiene que gustar el contacto con el público, si no, no lo podes hacer. Papá no me exigió jamás que trabajara en la empresa, por el contrario siempre nos enseñó, a mis hermanos y a mí, que teníamos que ser felices y que tenemos la libertad de elegir, pero en lo que hagamos, tenemos la obligación de ser buenos.
Hace varios años que trabaja en el supermercado, ¿cómo ha cambiado el público y sus exigencias?
En la época de la crisis de 2002 la gente buscaba precios y se los dimos. Tratamos de estar un paso adelante de lo que la gente quiere. Con el acceso a internet los clientes están más al día de lo que pasa y cuanto más se informan, más exigen. Eso está bárbaro porque nos hace avanzar.
¿Ha notado en su facturación la desaceleración económica que está viviendo el país?
Sí y por eso nos estamos preparando. Estamos planificando un cambio interno y también preparamos al personal para que sepa cómo enfrentarlo.Estamos pensando mejor las inversiones y las planificamos más, planteándonos los distintos escenarios que pueden suceder. Seguimos invirtiendo pero no es como en 2010, cuando pensábamos en hacer una sucursal nueva con piso de mármol. Incluso lo notamos con nuestra tarjeta de crédito (de El Dorado), a veces prefieren pagar en menos cuotas.
Atravesaron por la crisis económica de 2002 ¿Cómo lograron sobrevivir?
Hemos tenido buenos y malos momentos. Durante la crisis apelamos a productos básicos a precios bajos y jamás le cortamos la línea de crédito a nadie, porque la gente tiene que comer, eso nos enseñaron nuestros padres. Durante esa época el costo financiero de la tarjeta de crédito propia que tenemos lo pagamos nosotros. No matamos a nadie porque esa persona nos va a seguir comprando a través de los años.
Solo están en el interior ¿Alguna vez pensaron en expandirse hacia Montevideo?
Somos del interior y entendemos a nuestros clientes. Estamos cómodos y es lo que sabemos hacer. Montevideo tiene características distintas, entonces nos tendríamos que preparar y aprender para invertir allí. Además, todavía tenemos espacio para crecer en el interior.
Pensando en el futuro ¿el sucesor de la empresa será alguien de la familia?
Claramente va a haber un cambio generacional y como empresa nos estamos preparando para los próximos cinco o diez años. A mi edad tengo que preparar al resto para entregarle la posta. El que va a quedar al frente va a ser el mejor, no necesariamente tienen que ser mis hijos o alguien de la familia. Acá hay una cantidad de gente que trabaja hace muchos años y el que mejor lleve los valores de la empresa va a ser el que tome la posta.