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Pese a la ausencia de Nicolás Maduro, de quien siempre puede esperarse la extemporánea pirotecnia que aprendió de su predecesor Hugo Chávez, Venezuela igualmente protagonizó los dislates mayores en la cumbre del Mercosur en Asunción. Pero los demás presidentes, fortalecidos por la emergencia de un gobierno serio en Argentina, enfatizaron el atraso del bloque regional y acordaron apresurar el postergado tratado de libre comercio con la Unión Europea y aliarse a las naciones del Pacífico. Mauricio Macri afirmó que su gobierno está dispuesto a “dinamizar las negociaciones” hacia el TLC con Europa, que languidece desde hace 15 años en gran parte por el proteccionismo obstruccionista del anterior régimen kirchnerista. Los otros presidentes del bloque presentes en la cumbre, Tabaré Vázquez, Dilma Rousseff y el anfitrión Horacio Cartes, hace tiempo que acordaron la lista del Mercosur de productos a ser liberados de aranceles en el TLC, y solo falta la incorporación argentina.

Pese a que Venezuela nada aporta al tema por el caos en que se tambalea, su canciller Delcy Rodríguez se despachó con el rechazo de su país al acuerdo con Europa. Afirmó, suelta de cuerpo, que el “Mercosur no puede asumir la situación económica europea” porque saben “cuál fue el saldo del neoliberalismo en nuestra región: pobreza y más pobreza”, sin enterarse de la reducción de ese indicador en Uruguay, Chile y otras naciones de la región con grados variables de apertura.

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Ciertamente la pobreza campea en Venezuela, pero no por culpa del “neoliberalismo” sino del chavista “socialismo del siglo XXI”, reflejado en las colas por largas horas para poder comprar un rollo de papel higiénico o algo de pan.

Como si fuera poco exigir coincidencias ideológicas para integrar a la región, ignorando que lo que se requiere son gobiernos eficientes al margen de su color político, Rodríguez además se enojó cuando Macri reclamó la liberación de los 75 líderes políticos encarcelados arbitrariamente, incluyendo a prominentes dirigentes de la oposición. Se despachó acusando a Macri de la falsedad de “liberar a los responsables de asesinatos en la dictadura de Argentina”, sin otra base que la exuberancia verborrágica del chavismo. El ausente Maduro optó por dejar en manos de su canciller los usuales improperios y errores chavistas, presumiblemente para no dar la cara ante sus pares por los excesos represivos de su régimen.

Rescata igualmente la importancia prometedora de la reunión el discurso aperturista de Vázquez y el hecho de que los presidentes hayan acordado apurar el trámite del TLC con la Unión Europea y programar una tercera reunión con la Alianza del Pacífico a fin de negociar un acercamiento entre ambos bloques. La Alianza de Chile, Perú, Colombia y México es el único ejemplo exitoso de integración económica latinoamericana, con una liberación del 90% de su intercambio comercial. Es además, como lo ha enfatizado el gobierno uruguayo pese a opiniones contrarias dentro de su propio Frente Amplio, una puerta al Pacífico hacia los poderosos mercados asiáticos. Pero a esta sensata concepción realista de las verdaderas necesidades económicas de los países de la región, a los gobiernos del bloque les falta todavía decidir qué hacer con el lastre de la Venezuela chavista, irrazonablemente incorporada como miembro pleno en 2012 y convertida hoy en el incómodo bufón de la corte mercosureña.

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