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De los muchos puntos a favor que tiene Caudillos tomo 2, del historiador, investigador y periodista Lincoln Maiztegui Casas, uno a destacar en especial es su visión valorativa de cada uno de los 20 personajes que elige como protagonistas de este volumen, que completa el primer tomo publicado en mayo del año pasado.

Esto no significa que el autor dé una visión parcial de cada caudillo, sino justamente lo contrario. En la complejidad de las vidas y los derroteros de estos hombres están las cartas que despliega Maiztegui, expresando así una línea sutil de continuidad entre cada una de las circunstancias particulares.

Dentro de la nómina de nombres ilustres se destacan José Artigas, Manuel Oribe, Leandro Gómez, Lorenzo Latorre, Aparicio Saravia, Luis Alberto de Herrera, Luis Batlle Berres y Wilson Ferreira.

Pero el autor también le cede la palabra a otros caudillos mucho menos conocidos, como el colorado Máximo Pérez, el “señor feudal de Soriano” durante décadas; Fausto Aguilar, quien le gritaba a sus soldados que cargaran sin el poncho puesto, porque “en el otro mundo no hace frío”.

La lista de caudillos de Maiztegui queda dividida por las dos banderías tradicionales. En el prólogo, el autor se justifica de la exclusión de representantes de la izquierda. “Lamento, pese a todo, que no haya encontrado (y la limitación es solo mía) de sumar a esta selección el nombre de alguna figura extraída de la filas de la izquierda. Contribuyó a ello el hecho de que los partidos de inspiración marxista se basan mucho más en una estructura organizativa que en la influencia de los individuos”, escribe Maiztegui.

El camino menos pensado
Así como en el primer tomo Maiztegui sorprendió con la inclusión del gobernador español Francisco Javier de Elío, en este tomo, que se presenta hoy (ver recuadro), es original que esté en la nómina Carlos Federico Lecor, el militar portugués que invadió la Provincia Oriental y la transformó en Cisplatina, y luego en 1822 se “pasó” al bando brasileño hasta que llegó la paz de 1828. Gobernó casi una década este territorio y el autor le destaca sus dones como líder que encarnó en su propia persona la mancomunidad con los vecinos de Montevideo, al casarse con una joven oriental.

Como también sucedió en la primera parte de la colección, la elección de alguna figuras puede resultar polémica. El general Latorre “sigue generando apasionadas controversias”, el nombre de Gabriel Terra “levantará ronchas”, según el autor, que destaca de Benito Nardone su capacidad para ayudar a cambiar la historia electoral del país desde las prédicas radiales.

Pero sin dudas, son las 60 páginas dedicadas a José Artigas, las que se roban la mayoría de los aplausos. Maiztegui resume los 87 años del hombre -y particularmente su década relevante entre 1810 y 1820- y maneja su historia como si Artigas fuera un personaje wagneriano, con la escalada de su estrella hasta la cumbre de 1815, donde dominó el Artigas liberal y libertario, para luego predominar el Artigas dictador, acosado por la traición de los aliados, la invasión portuguesa y la incomprensión general.

Caudillos tomo 2 es un libro de Historia donde lo que predominan son las historias, las que pintan a los personajes como seres especiales que tocaron la gloria y, como todos, no pueden evitar la muerte.
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