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Jordi Cabau y Raquel Pérez eran dos personas trabajadoras de Barcelona, comunes y corrientes, con su apartamento y una vida normal. Él trabajaba en la construcción y ella en un centro de ski de Andorra. Llevaban adelante una vida como la de cualquier pareja de clase media.

Repentinamente los dos se quedaron sin trabajo y ninguno pudo pedir ayuda a la seguridad social. Jordi por ser autónomo y Raquel porque trabajó en otro país. Además, en ese exacto momento se enteraron que esperaban un bebé. Frente a esta situación decidieron irse a vivir donde el padre de ella, en Sant Vicenç de Castellet.

Duraron muy poco en la casa, porque aparte de ellos, habitaban otras cuatro personas. Eran seis para alimentarse con los 426 euros que cobraba el consuegro del dueño de casa

“La situación allí era muy precaria, no teníamos nada”, le contó Jordi a El País de Madrid, y agregó que tuvo que vender sus guitarras para poder comer. Lo más importante es que el bebé, Asier, venía en camino y el tiempo apremiaba. Por esto decidieron pedir ayuda urgente.

“Al principio fue un desastre, no encontrábamos ayuda. En los servicios sociales de Sant Vicenç nos daban consejos tales como que recurriéramos a los antiguos pañales de trapo”, explica Jordi. La desesperación fue creciendo al punto tal que tocaron fondo con una complicación en el embarazo de Raquel, que fue ingresada en el hospital.

Ahí su suerte comenzó a cambiar.

Les hablaron de la fundación Fundación Rosa Oriol y sus casas de acogida, donde vivieron hasta que nació Asier.

Un empresario leyó la historia de la pareja en un diario local, y les ofreció un negocio que no estaba siendo usado: una panadería, además de la vivienda y dinero para comenzar la producción.

“¡No me lo podía creer! Yo imaginaba conseguir un trabajo, pero nunca llevar un negocio”, dijo Jordi, que ahora, con un mes de panadero se enorgullece por cobrar barato. “Este barrio está muy descuidado, hay una alta concentración de inmigrantes y muchos lo están pasando mal. El otro día entró una mujer de edad pidiéndome una barra para comer y se la di. Nuestro margen es muy pequeño, estamos aquí para trabajar, no para ganar dinero”, sentenció.

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