19 de julio de 2013 19:59 hs

El mejor piano en territorio uruguayo se encuentra arrumbado en una hermosa sala inutilizada desde hace años. Esa es la triste conclusión a la que llega este artículo que comenzó con una idea juguetona: preguntarse cuáles son los cinco mejores pianos de Uruguay.

Para eso, El Observador consultó a varios expertos en la materia y todos coincidieron en que el piano Steinway, que posee la sala Vaz Ferreira, se destaca por sobre el resto por su calidad. A esa conclusión llegaron las pianistas uruguayas Raquel Boldorini y Élida Gencarelli, así como el musicólogo y periodista Alexander Laluz.

Para Boldorini, una de las pianistas uruguayas más reconocidas y con una amplia carrera a nivel nacional e internacional y que conoce todos los grandes pianos del país, las cualidades del Steinway de la Vaz Ferreira son destacables. “Indudablemente, el Steinway de gran cola de la Vaz Ferreira fue el mejor que hubo”, afirmó la pianista, que recuerda la medida exacta del instrumento. “Mide 2,74 metros de largo”, señala.

“El porqué no lo puede decir nadie, porque un piano es un trabajo artesanal. Es imposible que dos pianos sean iguales, incluso aunque sean de la misma fábrica. Algunos salen mejores que otros. Este era muy bueno”, agregó Boldorini, remarcando la calidad de la tabla armónica (las maderas sobre las que se encajan las clavijas de las cuerdas) del Steinway, lo que denominó el “corazón del piano”, y que está hecho básicamente de madera de abeto, aunque también se utilizan otras coníferas como la haya.

Gencarelli, quien además de pianista es directora de la Escuela Municipal de Música, aportó más información: “Ese Steinway es buenísimo, aunque hoy esté casi abandonado en la sala Vaz Ferreira, el lugar con mejor acústica para música de cámara y música coral”.

La historia del piano es particular. Luego del incendio del Sodre en 1971, el gobierno alemán lo donó para ayudar al dañado acervo musical uruguayo.

Boldorini recuerda el sonido especial y brillante de ese piano en un concierto suyo. “Toqué el Tercer concierto para piano de Rachmaninoff, en la Vaz Ferreira, entre 1989, 1990 o 1991, y era un cañón con una sonoridad enorme, generosa, vibrante, de calidad. Era el preferido de los pianistas uruguayos”, dijo la experta, quien explicó además que unos años después el Steinway sufrió una refacción en la que se le cambiaron los martillos y se le pusieron nuevas piezas “aunque no de la medida adecuada”. Entonces, ya no volvió a sonar tan bien.

El musicólogo Laluz apeló a la memoria para recordar un concierto con ese piano específico. “Era una sala formidable con un piano formidable. Recuerdo la gran actuación del pianista Miguel Marozzi interpretando la serie de Bagatelas de Bela Bartok”, dijo Laluz, quien destacó las cualidades del piano en un repertorio que exige un gran instrumento.

Las correrías de ese piano lo han hecho incluso salir de Montevideo. En 1999, lo usó el reconocido pianista argentino Bruno Gelber. El afinador uruguayo Duilio Bentancor le cambió los martillos junto con su colega, Marin Dimitroff. Entonces, Gelber había dicho que estaba conforme con su sonido.

Hoy día este piano virtuoso descansa en la sala, que mantiene un grupo de trabajo, pero está subutilizada.

En 2007, Luis Mardones, entonces director de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) había declarado que la sala cerraba para entrar en una fase de refacciones, pero estas no se hicieron por falta de presupuesto. En 2010, la sala Vaz Ferreira pasó a la órbita de la Biblioteca Nacional.

Desde entonces, el hermoso auditorio ubicado bajo la Biblioteca se utiliza para actividades particulares de grupos de canto lírico y espectáculos para niños.

Los otros ilustres

Además de este piano “mítico”, los entrevistados también destacaron otros similares en el Sodre, en el Teatro Solís y en ciudades del interior que poseen pianos que están catalogados dentro de los mejores del país.

El Solís adquirió un Stenway el año pasado, que está muy bien valuado entre los expertos como Gencarelli.

Para el coordinador general de la Filarmónica de Montevideo, Álvaro Méndez, este piano de gran calidad se encuentra “en un período de adaptación”. Necesita pasar por manos de buenos instrumentistas para que todos sus mecanismos, maderas, filtros y vibraciones se vayan adaptando a diferentes maneras de tocar. Es un piano que se encuentra en un proceso de “ablande”. “Porque los pianos nuevos pueden sonar un poco rústicos al principio”, explicó Méndez.

El Teatro Solís tiene dos Steinway más de gran cola: uno de comienzos del siglo XX y un piano de concierto, de unos 10 años, que se utiliza solo para programas especiales. La Intendencia de Montevideo adquirió este piano cuando se lo compró al príncipe italiano Aiello, según contó Méndez.

Laluz recordó también un piano que denominó como “el histórico” del Sodre. “Lo escuché tocar a Hugo Fattoruso y la respuesta acústica fue muy buena, basada en la maquinaria, la fineza en la construcción y el despliegue de artefactos y sordinas”, dijo el musicólogo.

Boldorini destacó el piano Steinway que tiene la Universidad Católica. “Es un piano antiguo, de 95 años, pero que suena muy bien en ese ambiente. Porque no hay que olvidar que ese también es un factor fundamental: qué piano conviene a determinando ambiente. Puede haber un piano excelente que no funcione, por ejemplo, en una sala grande o en una chica”, dijo la pianista.

En algunas ciudades del interior existen instrumentos dignos, como en el Museo de San José, donde hay un piano Blüthner alemán “de gran calidad”, según Boldorini.

En la ciudad de Treinta y Tres hay un piano de similares características, según contó Gencarelli.

Ambas llamaron la atención sobre la falta de un gran piano en la ciudad de Punta del Este, a excepción de un Steinway chico, propiedad del Club del Lago.

Dentro de este selecto conjunto de los mejores pianos de Uruguay, los especialistas incluyeron en su amplísima mayoría la marca Steinway.

Para Gencarelli, los pianos de la marca fundada por un alemán en Nueva York (ver recuadro) poseen una “sonoridad particular, con bajos oscuros y de sonidos aterciopelados”. El teclado tiene lo que en música se denomina peso. “Del pianísimo (más agudo) al fuertesímo (más grave), los sonidos de estos pianos revalidan todos los colores de la música”, dijo Gencarelli.

Boldorini opina lo mismo: “Para mí, no hay como el Steinway alemán. Es el mejor. En Italia tuve la oportunidad de tocar en un piano Fazioli, muy de moda en Europa y más caro que los Steinway. No me resultó tan bueno”.

En las diferentes instituciones de enseñanza existen diversos pianos.

En la década de 1980, la embajada de Japón en Uruguay le regaló a la Escuela Municipal de Música una orquesta entera.

“Fueron tres pianos de cola y dos de pared, todos Yamaha”, explicó Gencarelli, quien además informó que en el Auditorio Nelly Goitiño hay un piano coreano marca Samick, “para todo servicio”, aunque de menor calidad que los anteriores.

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