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Este domingo Santiago Fessler (25), hincha de El Tanque Sisley y delegado del club ante la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), tenía toda la intención de volver a alentar por su cuadro como lo hace siempre, pero al llegar a la puerta del Parque Central, donde jugaba contra Nacional, un incidente imprevisto con la Guardia Metropolitana se lo impidió.

Su abuelo fue fundador de El Tanque Sisley, su padre jugador del club y hoy en día muchos miembros de la familia directivos de la institución. “En el Tanque somos una familia, cien hinchas que nos conocemos todos, que vamos siempre al Estadio”, señala Santiago a El Observador, antes de comenzar a relatar lo sucedido.

El partido arrancaba a las 19:30 y a las 18.25 Santiago y dos amigos compraron las entradas en la boletería del Parque. De allí se dirigieron a la puerta y como de costumbre abrió el bolso donde llevaba dos banderas de El Tanque para mostrárselas a la Policía. El primer oficial las revisó, vio que una decía “El Tanque no má” y la otra era verdinegra y sin decir nada, lo dejó pasar. Pero dos pasos más adelante otro efectivo le advirtió que con las banderas no podía entrar porque para hacerlo tenía que llegar una hora antes del comienzo del partido. Él preguntó por qué si siempre iba con las banderas y nunca le habían hecho ningún problema, pero el efectivo insistió. Como vio que la postura del policía no tenía marcha atrás, volvió a su auto, dejó las banderas, y regresó a la entrada.

Al llegar el mismo efectivo le advirtió que no podía ingresar. “¿Por qué?”, preguntó Santiago. “Ya dejé las banderas”. “Por tráfico de influencias y desacato”, contestó el oficial. “¿Desacato por qué? Si nunca te falté el respeto. Y ¿tráfico de influencias qué quiere decir?”, contestó Santiago, según contó a El Observador. “No importa por qué. No podés entrar por tráfico de influencias y desacato y desde este momento quedas detenido”, dice que le dijo el policía.

“Me agarraron, me esposaron, me llevaron contra una pared y me empezaron a pegar con una cachiporra. Eran cuatro policías. Me tiraron del pelo y me daban patadas en las piernas”, relató.

En eso su primo Rodrigo y su tío (padre de Rodrigo), que también se encontraban en el Parque, se extrañaron de su demora y bajaron a buscarlo. Cuando lo encontraron contra la pared y rodeado de Policías intentaron frenar la situación. “Pedimos por favor que lo dejaran tranquilo, que nos íbamos, que no íbamos a entrar al Parque. Queríamos evitar un problema”, contó Rodrigo a El Observador. Pero sus argumentos poco valieron y la situación tomó otro tenor. Los oficiales lejos de cambiar de parecer comenzaron a prepotear y a agredir con las cachiporras a Rodrigo y a su padre. “Me empujaron contra la chanchita, me esposaron y me dijeron: ‘A vos te llevamos también’”, le increparon a Rodrigo. “Queremos hablar con el jefe del operativo, ¿cómo se llama?”, pidieron ellos. “Se llama El Zorro”, le contestaban los efectivos entre risas.

“Para seguir igual, me meten con mucha violencia a la chanchita, me golpean y me ahorcan con un de las macanas de la guardia. Además, con mucho morbo, el efectivo que me golpeó me dijo que me acueste en el suelo, debiendo quedar ‘cucharita’ con un sujeto que no sé quién era”, denunció Rodrigo. “No lo hice, pero lo cierto es que querían que la situación fuera lo más humillante posible”, subrayó.

En tanto, la camioneta donde habían metido a Santiago ya había desaparecido y los policías se jactaban de la situación: “Este está de vivo, hay que darle”, “Te vamos a llevar con la Republicana que son más bravos que nosotros, te vamos a matar”, “Mira como llora y el estado de nervios que tiene”, proferían los oficiales entre risas y carcajadas. “Dejate de llorar que queremos escuchar la radio”. “¿A dónde me llevan?”, preguntaba Rodrigo. “Eso no te importa, queremos escuchar la radio”, le contestaban.

Era tanto el dolor que sentía debido a los golpes, que en un acto de valentía solicitó que lo llevaran a la Médica Uruguaya, de donde es socio, para ser visto por un médico. “Pero como los policías me lo negaron, tuve que fingir un ataque de pánico”, relató Santiago. Fue así como logró que lo condujeran a la sociedad médica, donde un médico lo revisó y le entregó un certificado. Pero al salir del consultorio el oficial se lo arrancó de la mano. “Estás detenido, el certificado es nuestro”, le increpó.

A todo esto, en las afueras del Parque Central, el abuelo de ambos de 74 años quedaba tirado en el suelo luego de un empujón de la Policía. Rodrigo, su padre y un amigo – también detenido – eran conducidos a la seccional 5º del Parque Rodó sin saber nada de Santiago. “Estuvimos de plantón con las esposas muy apretadas durante aproximadamente 45 minutos, bancando además las burlas de los policías que nos preguntaban, burlándose: ¿Están bien puestas las esposas?”.

De hecho, luego de la Médica, Santiago también fue conducido a la seccional 5º, donde en ningún momento lo juntaron con sus familiares, pero sí lo hicieron descalzarse y sacarse la camiseta. El interrogatorio fue el principio del final de la tortura: “¿Cómo te llamas?”. “Santiago Fessler”. “¿Sos Fessler?”. “Entonces quedás liberado. Hay una orden de un juez”. Simultaneamente, lo mismo le sucedía a su primo, tío y amigo.

El padre de Santiago es amigo de un juez y le solicitó su intervención para terminar con el asunto. Parte de la orden judicial era que Santiago fuera liberado en el mismo lugar donde había sido detenido. Fue así que la Policía se dispuso a llevarlo de nuevo al Parque Central. Sin embargo, antes Santiago quiso averiguar nuevamente el nombre del oficial a cargo del operativo y del que lo había detenido. Toda información que se le negó. A cambio tuvo que dar todos sus datos y soportar una amenaza más: “Esto no lo sigas. Dejala por acá porque vas a salir perdiendo. No te conviene”, le advirtió un oficial.

Al llegar al Parque Central lo soltaron y lo obligaron a entrar, cosa que antes le había sido negada. “En la entrada me cruce con el mismo oficial que me había detenido, quien al mirarme se rió, como disfrutando de la situación”, comenta indignado.

Hoy Santiago puede contar la historia y lo agradece, pero confiesa que en más de un momento pensó que lo mataban. Tiene su mano, sus muñecas y sus rodillas lastimadas producto de los golpes. “Mi pregunta es, el Ministerio del Interior y la AUF quieren controlar a los hinchas violentos y está bien. ¿Pero quién controla a los policías violentos que también los hay?”. Rodrigo y su padre también terminaron con lastimaduras en sus muñecas producto de la fuerza con la que le fueron impuestas las esposas.

“El ministerio dice que hay que terminar con los hinchas violentos. Y está bien porque los hay. Pero pone en la tarea de seguridad a personas violentas. Lo único que pienso es en el peligro que corremos al darle armas a estas personas. Cómo vamos a solucionar el tema de la violencia en el fútbol, si los propios policías que tienen que garantizar la seguridad, generan violencia”, se cuestiona, luego de pasar toda la noche en estado de schock, sin poder dormir y con la cara grabada “de los tipos” que le pegaron en su retina. “Quién me va a sacar el estado de angustia que tengo y quién me va a pedir disculpas por las tres horas que estuve detenido", expresó.

La familia Fessler tramita por estas horas la denuncia penal por lo sucedido. "Hoy prefiero estar sentado al lado de un narco, que de un policía", remarcó Santiago.
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