Depuración para salvar al fútbol

Las consecuencias del escándalo de FIFA exceden largamente el encarcelamiento, extradición y juicio del uruguayo Eugenio Figueredo y otros cuantos directivos de primera línea del fútbol mundial

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29 de mayo de 2015 a las 19:03

Las consecuencias del escándalo de FIFA exceden largamente el encarcelamiento, extradición y juicio del uruguayo Eugenio Figueredo y otros cuantos directivos de primera línea del fútbol mundial. La indispensable depuración a fondo tiene que incluir la desaparición de Sepp Blatter de la jefatura del descalabrado organismo. Este suizo de 79 años intentó salvar su grueso pellejo con un comunicado irrisorio, tratando de lavarse las manos de toda responsabilidad en los pecados de sus caídos lugartenientes. Pero a menos que haya estado viviendo en Marte el último cuarto de siglo, ni el más ingenuo de los mortales puede creer que sus compañeros de directiva trasegaron bajo sus narices no menos de US$ 150 millones en coimas, enriquecimiento ilícito y otros delitos sin que el zar de la FIFA desde 1998 se diera cuenta.

Si se necesitara confirmación de la responsabilidad de Blatter, la suministra lo ocurrido con el informe de Michael García. Este exfiscal de Estados Unidos investigó el proceso de adjudicación a Rusia y Catar de los mundiales de 2018 y 2022. Lo hizo a pedido de la FIFA, a raíz de las denuncias de sobornos y otras irregularidades en la elección de ambas sedes. Pero su informe de 450 páginas, presentado al organismo el año pasado, fue rápidamente archivado por la FIFA e ignorado por Blatter. No lo ignoraron, sin embargo, las autoridades judiciales de Suiza y Estados Unidos, que finalmente dispusieron el espectacular arresto de los delincuentes del fútbol en un lujoso hotel de Zúrich, donde se habían reunido para seguir perpetuando su control del deporte más popular del mundo.

Ha sido solo el primer paso para desarticular una madeja de corrupción que recién ha empezado a desentrañarse. Paralelamente a la acción policial y judicial, la recuperación del golpeado fútbol mundial exige la eliminación de todos los corruptos que han medrado a lo largo de muchos años, usando a su antojo y sin rendir cuentas los US$ 5.700 millones manejados anualmente por la FIFA. Para llenar el vacío es indispensable la designación de nuevas autoridades, elegidas por las federaciones de los países miembros entre personas de reputación intachable y probada respetabilidad. Lo exige un elemental respeto a los dirigentes honestos, a los jugadores y a los cientos de millones de aficionados que solventan este deporte con el pago de sus entradas o la suscripción a transmisiones televisivas de los partidos. Se requiere también rever la cuestionada adjudicación de las sedes de los dos próximos mundiales.

Las irregularidades en la conducción de FIFA eran conocidas desde hace muchos años. Pero el poderío de Blatter y su camarilla les permitió una y otra vez acallar las protestas con el uso arbitrario de su autoridad. Uruguay vivió esta situación cuando, en diciembre de 2013, siete clubes y la Mutual de Futbolistas denunciaron a Figueredo y a su par argentino, Julio Grondona, por encabezar "una organización criminal que viene lucrando y perjudicando a la Conmebol, las federaciones, los clubes y los jugadores". La Justicia uruguaya recogió la denuncia, pero Figueredo y Grondona la frenaron con amenazas de represalias deportivas. La validez de la acusación ha quedado plenamente demostrada ahora. Y quienes cometieron delitos en el elenco encabezado por Blatter deberán pagar por sus actos, abriendo el camino a una drástica renovación dirigente como única forma de salvar al fútbol.

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