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La combinación de bajos precios del petróleo, una recesión inminente en la economía rusa y las sanciones occidentales por la crisis en Ucrania generaron una tormenta perfecta que llevaron al derrumbe del rublo ayer, que repercutió en todo el mundo y abrió un compás de incertidumbre en particular para el mercado de las materias primas y para las economías emergentes.

Una cotización del petróleo por debajo de los US$ 59 por primera vez desde mayo de 2009 –con la amenaza de seguir en baja–, en conjunto con la incapacidad del Banco Central de ese país para frenar la fuerte depreciación de su moneda a través de un alza de emergencia de las tasas de interés (de 10,5% a 17%), llevó al rublo a colapsar durante la víspera a niveles mínimos históricos de 79 unidades por dólar, más allá de que en la tarde de ayer la moneda rusa se recuperó parcialmente a 68,4 rublos por dólar. En la jornada del lunes, el dólar se había fortalecido 13% frente al rublo.

Desde la óptica uruguaya, aunque ha perdido peso en los últimos meses como destino en volumen para las exportaciones de carne vacuna local, Rusia es hasta ahora la mejor opción para colocar trimmings (recortes) y menudencias. Además, es el principal destino para la manteca y ha cobrado relevancia para los quesos.

La devaluación del rublo no sólo impactará en los bienes destinados a ese mercado, sino también en el acceso a otros destinos relevantes para la producción nacional, coincidieron analistas y empresarios consultados por El Observador.

El director del frigorífico Pando, Eduardo Urgal, dijo que es un hecho que con un rublo a 70 unidades por dólar “no hay posibilidad” de continuar cerrando negocios con ese destino. “Habrá que ver si mercados sustitutos como Estados Unidos y China responden”, explicó. De todas formas, el industrial estimó que el precio promedio de más de US$ 4.000 la tonelada por la carne vacuna que está obteniendo el país tendrá una baja de 7% a 10% en el corto plazo. “Esto es debido a lo que está aconteciendo en Rusia y a otros mercados”, precisó Urgal.

Por otro lado, apuntó que la situación del mercado ruso puede determinar un “desplazamiento” de la carne brasileña que ingresa a ese destino –su cliente número uno– hacia China, lo que dejará a Uruguay frente a una mayor competencia en el que es hoy su principal mercado en volumen.

El economista Alfonso Capurro de CPA-Ferrer, señaló que el ingreso medio en dólares de Rusia por la baja del crudo “prácticamente cayó a la tercera parte, por tanto, su capacidad de comprar carne y pagar bien está mermada, al igual que otros alimentos”. Agregó que los efectos “sobre nuestros socios comerciales como Brasil o nuestros competidores como Paraguay –en el caso de la carne vacuna–, no son para nada despreciables. Hay que mirarlo con atención”, alertó. Dijo que “esto es lo que más preocupa ahora y lo que estamos tratando de monitorear. A largo plazo es muy difícil adelantar algo. Va a depender críticamente de lo que pase con el petróleo”, aseguró Capurro.

En el acumulado enero-noviembre, Uruguay exportó US$ 276 millones a Rusia, un aumento de 8% respecto a 2013. El principal producto fue la carne bovina con US$ 86,7 millones, seguido por la manteca (US$ 75,9 millones), los quesos (US$ 27,1 millones) y menudencias bovinas (US$ 20,1 millones). Rusia también compró cítricos por US$ 12,1 millones, según datos de Uruguay XXI.

Nueva era
Para el analista agropecuario Joaquín Secco, la debilidad en el precio de los commodities y sus consecuencias sobre las economías emergentes, se “demoró un año”, pero llegó. “El viento de cola definitivamente comenzó a soplar más despacio”, aseguró. En ese sentido, advirtió que como consecuencia de la abrupta caída en los precios de los lácteos, soja, maíz y trigo, en el próximo ejercicio (2015), varias empresas del sector “no tengan números positivos”.

Precisó que por un “mal año” el aparato productivo no suele detenerse, pero aseguró que de mantenerse un barril de petróleo en niveles cercanos a los US$ 60, habrá un impacto mayor sobre la producción uruguaya a futuro.

“La carne (vacuna, cerdo y pollo) es maíz y soja con cuero”, ejemplificó Secco. Eso explica la correlación que se da entre el precio del crudo y el precio de otros commodities: salvo en el caso de Uruguay –donde las pasturas son la base de la dieta de los animales–, en otros productores como EEUU o Australia los granos tienen un peso relevante. Con un petróleo barato, también caerá el precio del maíz, que se utiliza para producir etanol como sustitutivo de los hidrocarburos. Eso hará “inevitable una arrastre a la cotización de la leche y la carne” por la caída de los costos de producción, advirtió Secco.

En la misma línea, Urgal recordó que la evidencia demuestra que el precio del petróleo, granos y carne, en el corto o mediano plazo, se correlacionan y ajustan. Por ahora lo veníamos sorteando bastante bien, pero sabemos que el ajuste va a llegar”, admitió el industrial.

Precisamente, para Secco, el gobierno transmitió una “señal equivocada” al no reducir los precios de los combustibles ante la baja abrupta del crudo para la zafra agrícola de mayor relevancia para el país (la de verano donde se implantan cultivos como la soja, maíz y sorgo). Recordó que las coyunturas de caída en los precios de los commodities se han “repetido en el pasado de la histórica económica del país. Esto determina que los buenos años terminen siendo una burbuja. Cuando los precios caen, los productores comienzan a perder y a elevar su endeudamiento”, alertó. De todas formas, Seco dijo que este nuevo contexto externo no tendrá el impacto que tuvieron otros episodios como la crisis del 2002 o la de 1982. “Será un obstáculo que va dificultar el crecimiento de la economía en el corto plazo”, culminó.
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