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“Seré siempre intransigente en la defensa de los derechos humanos”, dijo Dilma Rousseff en su primer discurso como presidenta de Brasil. Hasta ayer, siguió al pie de la letra este principio.

Cuando el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad visitó Latinoamérica este mes, Dilma le cerró la puerta porque en su país se castiga con lapidación a las mujeres acusadas de adulterio. Sin embargo, ayer dribleó el tema en Cuba al estilo del futbolista Neymar.

“No es posible hacer de la política de los derechos humanos solo un arma de combate político ideológico”, gambeteó la mandataria antes de reunirse con el presidente cubano, Raúl Castro. El ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, había empezado a esfumar antes las esperanzas de la disidencia al decir que el tema de los derechos humanos “no es prioritario hoy en Cuba”.

La prioridad en cambio fue fortalecer los lazos comerciales.

Derechos comerciales
El “gran compromiso” y “contribución” que Brasil puede dar a Cuba es “ayudar a desarrollar todo el proceso económico”, destacó la presidenta de la segunda potencia económica de las Américas y de la sexta del mundo. Los intercambios comerciales entre Cuba y Brasil durante 2011 se incrementaron 31% en relación a 2010 y alcanzaron un récord: US$ 642 millones. De esta manera, Brasil se convirtió en el segundo socio comercial de Cuba después de Venezuela.

Uno de los proyectos más importantes impulsados por Brasil en la isla es el puerto de Mariel, al oeste de La Habana. La construcción del puerto está a cargo de la empresa brasileña Odebrecht, cuesta US$ 800 millones, es financiada en el 80% por el Banco de Desarrollo del Estado de Brasil y pretende finalizarse para 2021. Su valor, sin embargo, es principalmente simbólico. Se está construyendo frente a las costas de Estados Unidos. El apoyo económico revela la presión brasileña para que los norteamericanos levanten el embargo comercial sobre Cuba.

Derechos humanos
Antes de que Dilma llegara a Cuba, la cancillería brasileña le concedió de turista a la disidente Yoani Sánchez. Fue una señal concreta y clara: el reconocimiento a la oposición cubana por parte de una de las figuras más admiradas por el oficialismo de ese país. En la carta que le envió la disidente a la mandataria solicitándole el visado, Sánchez le pedía además una reunión. , había dicho el lunes Yoani a El Observador. Sin embargo, fue precisamente el historial de Dilma lo que sepultó las esperanzas de Yoani y la oposición cubana.

Rousseff sufrió la represión del régimen militar en su país. Sin ningún tipo de garantía legal, permaneció en prisión entre 1970 y 1973, condenada por un tribunal militar. Durante ese tiempo fue torturada. Entonces, Fidel Castro era uno de sus referentes. Y como lo demostró ayer, sigue siéndolo.

Tras homenajear a José Martí con una ofrenda floral -tradición obligada para los invitados de los Castro- Dilma se reunió con Raúl y luego con Fidel. No hubo tiempo para reunirse con la oposición. Pronto partió hacia Haití. Pero antes dejó una frase que choca de frente con la pronunciada cuando recibió la banda presidencial: “Brasil dio su visado para la bloguera (Yoani Sánchez), pero los demás pasos no son de la competencia del gobierno brasileño”. La libertad de movimiento, uno de los derechos humanos, dejó de ser una cuestión que le competa a la brasileña.

Tampoco estuvo en la agenda de la visita la muerte de los presos políticos en huelga de hambre. El último, Wilman Villar, falleció 10 días antes de la visita de la mandataria. En este sentido, Dilma siguió el camino de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, quien hace dos años, durante su estadía en la isla, ignoró a la oposición cubana y la muerte del preso político Orlando Zapata.

“Hay otras situaciones mucho más preocupantes, como por ejemplo en Guantánamo”, dijo esta vez el canciller Patriota.

Curiosamente, la relación entre EEUU y Brasil es cada vez más estrecha. Quizá, cuando Dilma visite al presidente Barack Obama este año, como marca la agenda de la presidenta, recuerde Guantánamo y su promesa de defensa “siempre intransigente” de los derechos humanos.
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