Miro a la izquierda, al enorme reloj del estadio del Arena de Sao Paulo: 83’57”. Pienso: “estamos afuera”. Porque el gol no se ve por ningún lado. El equipó está partido. Suárez está solo allá arriba, y el equipo, después de darlo todo, está agotado. Al igual que la hinchada, siempre un poco más callada que los rimbombantes brasileños, y que los ingleses que en este momento volvieron en sí mismos y vuelven a ilusionarse con la clasificación.
Dios es celeste: así se vivió en el Arena de San Pablo
La hinchada uruguaya vivió el triunfo uruguayo con una alegría indescriptible