Diputados representan a los votantes
La disensión de tres legisladores oficialistas no constituye rebeldía sino un recordatorio saludable
La disensión de tres legisladores oficialistas no constituye rebeldía sino un recordatorio saludable de que los diputados, antes que al partido, representan a los votantes de su distrito, que los llevaron al Parlamento para defender sus intereses. Por algo la cámara baja se llama “de Representantes”. Esta condición toma precedencia sobre la llamada disciplina partidaria, un instrumento utilizado por un partido para forzar a su bancada a votar en bloque, aunque algunos no estén de acuerdo sobre el tema en cuestión. Sergio Mier, uno de los legisladores disidentes, fundamentó a El Observador la razón de su actitud. Explicó que, especialmente en el interior, “te ves todos los días” con los votantes, “en la feria, en el fútbol o en el río”, lo que genera una comunicación constante en la que la gente expresa quejas u opiniones que todo diputado está obligado a tomar en cuenta.
Mier integró el terceto de diputados que forzó algunos cambios en el proyecto de Presupuesto finalmente aprobado por la cámara, al negarse a votar el texto modificado que había acordado la jefatura parlamentaria del Frente Amplio (FA). Esa actitud dejaba al oficialismo sin su exigua mayoría de una banca. Completaron el grupo de objetores Darío Pérez, del sector Liga Federal junto con Mier, y Víctor Semproni. Este último ya había quebrado la mayoría del FA en 2012, cuando se negó a votar la ley interpretativa de la ley de Caducidad. Las razones de la actitud del grupo no son coincidentes ni necesariamente correctas en todos los casos. Son claras en su oposición a la disminución de efectivos en las Fuerzas Armadas mediante el expediente de no llenar vacantes, ya que podía conducir al cierre o reducción de unidas apostadas en el interior, donde generan actividad y empleo, y cumplen funciones sociales. En otros casos pueden ser una reacción a la falta de consulta por el gobierno o por los sectores mayoritarios a grupos menores del FA.
Pero las justifican, en todo caso, el ejercicio de las propias convicciones antes que la ciega obediencia a decisiones de las autoridades partidarias que no comparten. Obviamente a la jefatura frenteamplista le rechina lo que consideran indisciplina y desconocimiento de la autoridad de la conducción partidaria. Incluso cuando Semproni rechazó cambiar la ley de Caducidad hace tres años, la entonces presidenta del FA, senadora Mónica Xavier, propuso, aunque no prosperó, castigar severamente a los desacatados con la inhabilitación para postularse a cualquier cargo en las elecciones siguientes.
La actitud de los tres diputados considerados “rebeldes” conlleva un doble mensaje. Por un lado, es un reclamo a que los dirigentes presten más atención a los grupos menores que la integran, tema estrictamente interno del FA. Por otro, más importante y general, es que atender lo que piensan los ciudadanos de su circunscripción tiene que ser la obligación prioritaria de las personas que eligieron para que los representen en el Parlamento. Este curso es habitual en países más maduros y avanzados, en los que frecuentemente legisladores cruzan líneas partidarias por desacuerdo con las decisiones de sus líderes. Lo ocurrido ahora en el FA es una advertencia aplicable a todos los partidos, en los que, pasado el día de la elección, muchos legisladores tienden a relegar a un segundo plano la atención a sus representados.