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Uruguay, a través de la ley 19.061 sobre Normas Varias de Seguridad Vial que el pasado sábado quedó reglamentada casi en su totalidad, pasó a integrar el selecto grupo de países que exigen el uso del Sistema de Retención Infantil (SRI). Menos de la mitad de las naciones del mundo están en esa lista. La norma establece que los niños de 0 a 12 años están obligados a viajar en los asientos traseros con SRI, un método que reduce entre 54% y 80% el riesgo de morir, pero, ante la falta de fiscalización, es respetado por unos pocos.

“El nivel de aceptación de las medidas de seguridad especiales para niños aún es muy bajo”, reconoció Mercedes Bernadá, profesora agregada de pediatría de la Facultad de Medicina. Un estudio publicado en 2012 en los Archivos de Pediatría del Uruguay y realizado en Montevideo, Salto y Paysandú registró que uno de cada cuatro niños menores de 5 años viajaba en el asiento delantero –un tercio de estos no había cumplido el primer año de vida– y ocho de cada 10 menores de 14 años no usaban ningún dispositivo de seguridad. Otra observación fue que casi la mitad de los adultos que acompañaba a los pequeños no utilizaba el cinturón de seguridad.

“Son datos preocupantes”, dijo Bernadá a El Observador. Y agregó: “Es muy frecuente asistir a recién nacidos que vienen a sus primeros controles traídos por sus padres en auto en brazos de sus madres. Muchos de ellos refieren tener la sillita en su casa, pero no sabían que la podía usar ‘desde tan chiquito’”.

No obstante, los menores de un año son los que más utilizan el SRI. De acuerdo a investigaciones de la Fundación Gonzalo Rodríguez, seis de cada 10 bebés viajan bien sujetos pero, a medida que aumenta la edad, la prevalencia de uso baja a 27,7% para los niños de entre 1 y 4 años, y es casi inexistente (0,5%) para los mayores de 5 años. Con la fiscalización de la ley se intentará mejorar las cifras. Para Rosa Gallego, directora técnica de la fundación, el último dato revela ignorancia: el sistema óseo-muscular no termina de desarrollarse hasta después de los 12 años de vida.

“Los niños no son adultos en miniatura”, criticó. Su estructura física no tolera de la misma manera un impacto. “Si el cinturón le queda en la pelvis o en el hombro, ese niño necesita un asiento elevador o una silla. Porque en el momento de una frenada brusca ese cinturón de seguridad que debería estar protegiéndolo puede causar más daño”, le contestó Gallego a los padres que consideran que sus hijos son lo suficientemente grandes para ir sueltos (ver nota aparte).

Entre las lesiones que pueden sufrir los niños, las provocadas por siniestros de tránsito no son las más frecuentes, pero son las más graves y las que provocan más muertes. Bernadá organizó un estudio en 2008 acerca de qué fue lo que motivó las consultas en las salas de emergencias privadas y públicas del país. En un mes debieron ser internados 13 niños que viajaban como pasajeros en autos. De ellos, solo dos utilizaban SRI y tres tenían colocado el cinturón. Ocho no usaban ningún sistema de seguridad. Gallego entiende que la norma debería contemplar la exigencia de que los autos se comercialicen en conjunto con la silla tal como la ley 19.061 establece para las motos y los cascos. Otra intervención deseada es que el Ministerio de Salud Pública disponga la obligatoriedad de contar con un SRI homologado para otorgar el alta de las salas de maternidad si los padres se movilizan en cuatro ruedas.

¿Y los taxis?

Aunque parezca que los brazos de un adulto protegen al bebé, en caso de un siniestro, aun a poca velocidad, el cuerpo del bebé incrementa su peso en proporción con la velocidad y sale despedido del auto sin posibilidad de que el adulto lo pueda contener. Entonces, las probabilidades de supervivencia de los niños aumentan de forma importante si van debidamente sujetos con SRI y cinturón de seguridad. De lo contrario, estos funcionan como proyectiles dentro de los vehículos.

La Unidad Nacional de Seguridad Vial ya redactó las especificaciones técnicas respecto a las normas de calidad que debe cumplir este dispositivo y que afectarán su importación y comercialización. Serán difundidas una vez que sean aprobadas por el Poder Ejecutivo. De todas formas, el 95% de los modelos que se venden en plaza ya cuentan con la homologación de la Sociedad Uruguaya de Pediatría y la Fundación Gonzalo Rodríguez de acuerdo a normas internacionales.

El uso obligatorio de las sillas también debe cumplirse en los taxis. Gallego estimó que no se posee evidencia para determinar el nivel de seguridad que pueden tener los pasajeros menudos, aun sentados en una silla, que viajan a veinte centímetros de la mampara (en los vehículos pequeños), puesto que no existe ninguna prueba de impacto bajo las condiciones locales.

“Va a ser muy riesgosa la forma en que se pueda colocar una silla en un taxi dada la mampara”, apuntó. En Estados Unidos, por ejemplo, está reglamentado qué tipo de vehículo puede ser taxi y cuál puede llevar una silla.

Bernadá, por su parte, recomendó que los padres coloquen su propio SRI en el taxi. “Sé que esto es muy difícil de implementar”, se resignó.
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