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En la confusión que siguió a los atentados del viernes en París, en España se informó que habían fallecido tres personas originarias de ese país. En realidad solo uno estaba muerto y los otros dos tuvieron que aclarar que vivían.

Uno de ellos es Alberto Pardo, que vive en Estrasburgo. Dos agentes se presentaron en la casa de su madre en España y le informaron que el joven había muerto. Le ofrecieron sus condolencias y ayuda. El diario El País ya había divulgado su nombre y otros medios de prensa recogían información para su obituario.

Los conocidos de Pardo comenzaron a escribir mensajes de despedida en su muro de Facebook, que él vio el domingo de tarde. Entonces vio que los portales informativos lo daban por muerto y decidió aclararlo en el mismo muro.

"Pues no sé... Yo me veo a mí mismo en estos momentos y diría que estoy vivo... Pero si seguís escribiendo cosas tan bonitas sobre mí tal vez tenga que morirme para no dejaros mal... Además si lo dice El País tiene que ser cierto".

Y en uno de los comentarios agregó: "Buf, qué presión tener que desmentir tu propia muerte, he pensado en alguna broma que marcara el momento para siempre, pero creo que quitaros la sensación de mierda lo antes posible era prioritario".

Una prima suya, que estaba con su madre, le pidió que la llamara al teléfono celular para confirmar que fuera realmente él y no alguien que se había hecho con su cuenta de la red social. El hombre habló a su familia y pidió perdón por no haber tenido cobertura de la red móvil durante el fin de semana. Pero seguía en Estrasburgo y nada le había pasado.

El error estriba en que hace años le habían robado su documento –algo que él denunció en su momento– y al parecer el ladrón sí estaba entre las víctimas.

"Perfectamente explicable"

El canciller español José Manuel García-Margallo consideró hoy "perfectamente explicable" el error.

Aún así, hubo dos errores, el del documento robado y el hecho de que otro de los desaparecidos no daba señales de vida.

El otro vivo

Este segundo "sobreviviente" es Jorge Alonso de Celada, que estaba de viaje en París.

Su familia no lograba contactarse con él hasta que el sábado de noche recibieron un correo electrónico como respuesta a uno de su hijo. "No te preocupes, estoy perfectamente", dijo el padre, y agregó que tenía problemas con su teléfono móvil.

Ante un segundo correo del hijo, el hombre agregó que "parís es muy grande" y él no se había visto afectado. Al final, el hombre llamó a su mujer y quedó claro que está bien.
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