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Dos militares que se desempeñaban en el destacamento de Soriano fueron procesados con prisión por “violencia privada”, luego de la denuncia de otro efectivo de haber sido sometido a abusos sexuales.

Según informó Subrayado, el juez de la causa Marcelo Souto los procesó por violencia privada al no haber podido verificar que existiese abuso sexual.

El lunes la Justicia detuvo a 16 personas vinculadas con el caso, aunque en la tarde de hoy 12 habían sido liberados.

Cuando sucedió el episodio, los militares involucrados en el caso se encontraban en un establecimiento rural en cercanías de Palmar.

Por otro lado, el ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro expresó a El Observador que se sintió “sorprendido” por la situación denunciada. “La Justicia está actuando y debemos permitir que investigue”, dijo Huidobro.

La denuncia judicial, publicada por la web Agesor de Soriano, establece en el testimonio del afectado que “El cabo P… me dijo que le gustaría verme desnudo, atado, esposado y golpearme, preguntándome si me gustaba el sadomasoquismo, a lo cual le respondí: ‘No, ustedes están locos’”, dijo el soldado.

“(…) Estas personas estaban tomando y me ofrecían de lo que estaban tomando que pude apreciar que era vino, negándome, en determinado momento el Cabo S… me tocó la zona genital corriéndome a un lado de inmediato; quise retirarme para cumplir la tarea asignada y para escapar de la situación ya que todos los presentes hacían bromas obscenas”, relata el soldado en la denuncia que estaba haciendo la guardia del campamento.

“’Está todo bien P…, venga siéntese y relájese, usted es muy serio y muy estructurado". Me senté y me ofrecieron vino y cigarro. Tomé muy poquito y me insistieron que bebiera más, lo cual hice con cautela. El Cabo P… me dijo que le gustaría verme desnudo, atado, esposado y golpearme, preguntándome si me gustaba el sadomasoquismo, a lo cual respondí: ‘No, ustedes están locos’”, explica más adelante.

“(….) Me tocaban. Me resistí y al quererme ir el Cabo P… hizo levantar a todos para ir a pescar, salimos de allí y el mismo soldado petiso, algo calvo, me dijo ‘seguí caminando, no hables ni prendas la linterna’, presionándome con una botella de whisky por la espalda, dijo que era una orden militar, que si no la cumplía me partiría dicha botella en la cabeza. Yendo hacia la orilla del río, y al llegar todos se pusieron en ronda para seguir bebiendo. El Cabo S… me puso en el medio, bajaron sus pantalones exigiéndome hacerles sexo oral. Negándome, el mismo Cabo me hizo arrodillar ante el soldado petiso, gordito, amenazándome partirme la botella de whisky en mi cabeza. Le hice sexo oral a ese soldado, de golpe pude escaparme hacia los árboles del monte”, agrega.
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