Ébola, una enfermedad considerada arma de guerra
El mal surgió en el continente africano. No existe cura y más de la mitad de quienes lo contraen, mueren
“Dada la naturaleza letal del ébola, ya que no existe una vacuna aprobada o el tratamiento no está disponible, está clasificado como un agente de bioseguridad de nivel 4, así como de Categoría A un agente de bioterrorismo por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades”, dice la enciclopedia Wikipedia sobre este mal. “Tiene el potencial de servir como arma para su uso en la guerra biológica. La eficacia como arma biológica se ve comprometida por su letalidad rápida ya que los pacientes mueren rápidamente antes de que estén en condiciones de propagación del contagio”, agrega.
La enfermedad lleva el mismo nombre que el virus, pero la afección era conocida como fiebre hemorrágica del ébola. Según la OMS, se trata de un virus con alto porcentaje de mortalidad, que puede llegar a ser letal en el 90% de los casos.
Hoy son varios los países los afectados, pero toda la zona de África central y occidental, próxima a la selva tropical, es la de nacimiento e influencia del virus.
La geografía es la encargada de dar el nombre al virus, puesto que uno de los dos primeros brotes detectados se situó en las cercanías del río Ébola, en la República Democrática del Congo en 1976. El otro brote se produjo en Sudán.
Se estima que el virus llegó a los humanos por medio de animales salvajes y que la propagación se produjo por el contacto de persona a persona.
“El contacto estrecho con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados” es la vía primitiva de ingreso a la raza humana, según lo estableció la OMS.
Algunos casos documentados revelan que hubo contagio tras la manipulación de chimpacés, gorilas, monos, murciélagos frugívoros, antílopes y puercoespines muertos portadores del virus.
La OMS aseguró que no hay tratamiento específico ni vacuna para las personas ni los animales, por lo que evitar la propagación se hace muy difícil.
Además, en las últimas etapas de la enfermedad, las personas sufren hemorragias internas y externas, vómitos y diarrea, lo que constituye un cuadro que encierra enormes posibilidades de contagio.
Contagio
La propagación del virus no se produce por el contacto directo con las personas, pero sí a través de los fluidos. Es decir, si alguien está en contacto con algún objeto o material contaminado por algún fluido infectado (sangre, secreciones y otros líquidos corporales), hay altas probabilidades de contagio.
Incluso, revela el informe de la OMS, “las ceremonias de inhumación en las cuales los integrantes del cortejo fúnebre tienen contacto directo con el cadáver también pueden ser causa de transmisión”. Asimismo el resultado de un estudio arrojó que “los hombres pueden seguir transmitiendo el virus por el semen hasta siete semanas después de la recuperación clínica”.
Síntomas
La aparición repentina de fiebre es el primer aviso que surge de la enfermedad. Esto debe ser preocupante cuando la temperatura está acompañada de debilidad corporal intensa, dolores musculares, cefaleas y malestar en la garganta.
Cuando se pasa a una etapa más avanzada, aparecen vómitos, diarrea y erupción cutánea. Ya en los últimos tramos de la enfermedad acechan la disfunción renal y hepática, así como las hemorragias internas y externas.
Científicamente, los laboratorios “muestran disminución del número de leucocitos y plaquetas, así como aumento de las enzimas hepáticas”, se explica en la web de la OMS.