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Lo que surgió como una posible solución a un problema ecológico terminó convirtiéndose en un emprendimiento comprometido con el desarrollo económico, ecológico y social.
Hace nueve años, Martín Fleischer (29) había empezado la carrera de arquitectura cuando, con un grupo de amigos, se preocupó por la contaminación generada a partir de la cáscara de arroz.

“Uno de mis amigos de la facultad tenía una fumigadora aérea en Rocha y me contó que había problemas con la contaminación”, recordó Fleischer en diálogo con Café y Negocios Emprendedores. “Era un problema porque no había forma de aprovechar la cáscara de arroz. No es biodegradable al 100% y por lo general se quemaba, pero las cenizas pueden generar problemas dermatológicos y respiratorios”, remarcó.

A partir de esta problemática Fleischer y algunos amigos se dieron cuenta que existía una posibilidad para generar materiales de construcción a partir de esa materia prima. Pero como eran estudiantes sin tiempo ni capital, decidieron posponer el proyecto.

Con los años Fleischer fundó una ONG llamada San Gerónimo junto a Matt Daniels (38), pastor y misionero evangélico. El objetivo era brindar apoyo a emprendedores y cursos de liderazgo. Fleischer nunca abandonó la idea de utilizar residuos para crear materiales de construcción y ésta volvió a aparecer cuando visitó la ONG en 2011 el profesor de la Universidad Trinity de Chicago, Michael Cooper, para brindar una charla sobre emprendimientos sociales. “Cooper tenía conocimientos de arquitectura y de inmediato le interesó la idea”, apuntó Fleischer.

Pero se encontraron con un problema: el gobierno uruguayo comenzó a fomentar las actividades económicas que dieran una solución a la problemática de las cáscaras de arroz, y así un residuo que antes no tenía valor ahora era codiciado por las plantas de biomasa. “Fue un cambio de paradigma”, señaló Fleischer.

Paralelamente, Cooper dejó la cátedra y formó una ONG en Estados Unidos, The Timothy Center for Sustainable Transformation, que busca inversores ángeles del ambiente evangélico e impulsa proyectos de negocios que puedan tener un impacto social.

A Cooper le interesaba desarrollar un negocio en Haití para construir una universidad y casas para personas de bajos recursos que había perdido todo en el terremoto de 2010. El profesor había conocido un sistema de construcción con bloques similares al adobe, pero hechos con tecnología más moderna.

Utilizar cáscara de arroz ya no era una opción viable, pero los bloques, explicó Fleischer, utilizan tierra, agua y arena, que disminuye así la cantidad de portland necesaria, haciéndolos más ecológicos. El Centro Timothy les envió a los uruguayos la maquinaria que necesitaban y así surgió EcoRise, el emprendimiento que ahora dirigen Daniels y Fleischer, quien trabaja además en un laboratorio farmacéutico.

Compromiso social
Por su relación con la comunidad evangélica, explicó Fleischer, le quisieron imprimir al emprendimiento un fuerte componente social. “La responsabilidad social es la columna vertebral de la empresa. Fue lo que nos motivó en primer lugar; por eso buscamos capacitar y generar empleos para las personas con bajos recursos”, señaló.

A través de vínculos de Daniels se enteraron que en el departamento de Treinta y Tres, existía una cooperativa de ladrilleros cuyo único ingreso consistía en las ventas de ladrillos de campo en las canteras.

Fue así que a fines de 2012, destinaron una de las máquinas a la cooperativa y decidieron que, asociándose con ellos, capacitarían a los cooperativistas en el uso de la maquinaria, armado de bloques de calidad superior a los de campo, con lo que lograrían volverse más competitivos. A su vez, explicó, ellos participarían en distintos proyectos de construcción, dividiendo las ganancias.

Con desechos
Para el futuro cercano, buscan identificar distintos grupos con fortalezas para generar aliazas. “Nos reunimos con un grupo de recicladores de la usina N° 3 y vimos como separan plástico de otros desechos y venden a empresas privadas. Una de las posibilidades es crear material de construcción a partir del plástico y asociarnos con ellos”, explicó Fleischer.

No todo es responsabilidad social empresarial. La empresa tiene que ser sustentable: “trabajamos en conjunto con organizaciones, pero si un privado nos pide una casa la hacemos”.

El equipo tiene tres proyectos de construcciones concretados y, proyecta unos US$ 400 mil de ingresos en base a las construcciones que tienen en carpeta lo que, según consideró Fleischer, para ser una empresa tan joven es más que positivo.

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