Es una tendencia que recién está llegando a Uruguay. Los edificios pensados para satisfacer las necesidades de determinado segmento de la población es moneda corriente en varios países del primer mundo.
Es una tendencia que recién está llegando a Uruguay. Los edificios pensados para satisfacer las necesidades de determinado segmento de la población es moneda corriente en varios países del primer mundo.
La bonanza económica junto a la saturación del mercado inmobiliario generaron un nicho de mercado para este tipo de emprendimientos que contempla las necesidades particulares de cierto público.En Uruguay es una tendencia muy incipiente que hasta ahora agrupa por ejemplo proyectos pensados para estudiantes universitarios (Torre Universitá), apartamentos especiales que cubren las necesidades de personas que están atravesando por la tercera edad (La Maison Senior Apartments), y edificios en Punta del Este, que cuentan con todos los servicios para propietarios que los usan principalmente en los puntos altos turísticos (ver casos en página siguiente).
Ya no es el usuario el que se tiene que adaptar a la vivienda sino que es esta la que ofrece servicios pensados para solucionarle la vida. Para el asesor inmobiliario Julio Villamide, el mercado inmobiliario pasó de una fase inicial “muy básica” donde se construyeron unidades muy parecidas –por ejemplo monoambientes en la zona de Punta Carretas o viviendas en Ciudad de la Costa–, por lo que ahora es el momento de introducir productos “más sofisticados”.
Un antecedente de esta tendencia en Uruguay fue el concepto de “lujo accesible”. Esa modalidad, que –según explicó Villamide– fue introducida en el país con la construcción de las Torres del Prado, implica ofrecer servicios y ammenities que eran “desconocidos para la clase media uruguaya” hasta ese momento.
De la misma forma, el mercado de a poco va apostando a estos emprendimientos segmentados, algo que los países desarrollados tienen “hace varias décadas”. “En otros países estos edificios específicos para un determinado público tienen un lugar bajo el sol y es razonable que en Uruguay ese proceso también suceda”, señaló el asesor inmobiliario.
Otro factor que ayudó a consolidar esto fue la situación económica por la que ha pasado Uruguay en los últimos años, que generó un boom en la construcción. Estos edificios que ofrecen servicios específicos tienden a ser “más caros” que el promedio del mercado.Para Villamide, el pionero en introducir este concepto fue la Torre de los Profesionales.
Promovido por la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios en un predio que tenía en desuso, el edificio fue construido a fines de los años de 1990. “A diferencia de los edificios de oficinas, de plantas libres, este tiene oficinas pequeñas y medianas, aptas para estudios profesionales”, concluyó Villamide.
Mercado sin explotar
El arquitecto Eduardo André Zorrilla, del estudio EAZ Arquitectos, coincidió con Villamide en que existe una “saturación en el mercado”. A pesar de que señaló que se habla de un “enfriamiento” en la economía, comentó que el mercado de los edificios especializados “aún no está explotado”.
Entiende que esta tendencia va a seguir en aumento, más allá de que opina que no será algo “descomunal”.Una prueba de esto es que su estudio está trabajando en un proyecto de apartamentos para la tercera edad que tendrá servicios como piscina, cochera individual, una secretaria para cada una de las unidades, sala de video y una cafetería, entre otras ammenities.
El edificio se comenzará a construir en 15 días y estará en el barrio de Carrasco, aunque aún no se ha decidido cual será su nombre. “Se busca un público que tiene un poder adquisitivo alto y cierta independencia pero que no puede vivir en un apartamento convencional porque necesita ciertos servicios para gente mayor”, contó André. Al igual que La Maison, los apartamentos se podrán alquilar durante estadías largas.
Más allá de que el arquitecto Alberto Graetz, del estudio Graetz Núñez Arquitectos, no considera que esta tendencia se vaya a afianzar en Uruguay, puso como ejemplo a la ciudad de Berlín, lugar que frecuenta por motivos familiares. “Hay edificios destinados a ciertos sectores de la cultura como artistas plásticos o estudiantes; hay un abanico de arquitectura destinado a esa gente”, manifestó.
Un lugar para estudiantes
La Torre Universitá, ubicada en Colonia y Eduardo Acevedo, apunta a estudiantes universitarios que buscan un lugar para vivir –sobre todo los que llegan desde el interior– y que luego pueden usar ese apartamento como oficina. Ubicado estratégicamente cerca de distintas facultades, el edificio tiene 13 pisos donde hay monoambientes desde 28 metros cuadrados –que cuestan unos US$ 70 mil–, apartamentos de uno y dos dormitorios. Entre los servicios, se cuenta con lavandería, cochera y seguridad las 24 horas.
El edificio quedará pronto en 18 meses aunque el 70% de las unidades ya está vendida.“El mercado exige segmentación para perfiles específicos; si no te especializás quedas afuera”, afirmó el arquitecto a cargo del proyecto, Fernando González del estudio González-Cano. La idea es que en principio el apartamento sirva para vivir, pero luego se puede convertir en la oficina de ese profesional.
Pensado para la tercera edad
La Maison consta de apartamentos asistidos para el adulto mayor. Lejos del concepto de residencial, este proyecto ofrece apartamentos donde cada residente vive de forma independiente, pero cuenta con una serie de servicios como enfermería las 24 horas, restaurante con menús elaborados por una nutricionista, gimnasio, piscina climatizada, peluquería, cine y sala de lectura.
El edificio está estratégicamente pensado para este tipo de público, ya que los espacios son amplios para que sean accesibles para silla de ruedas (lo mismo con los ascensores), los pisos son antideslizantes y los baños tienen barandas y carecen de cortinas para facilitar la tarea de higiene diaria.
Con capacidad para 40 residentes, el edificio tiene doce niveles y 43 apartamentos con dormitorio, baño, estar y kitchenette. La mayor parte de los inquilinos llegan hasta La Maison por la recomendación de otros clientes y el negocio se maneja con el pago de una renta mensual, que también se puede hacer a través de un contrato por un año, ya que no existe la posibilidad de comprar.
La empresa declinó brindar los precios de alquiler. La torre, que fue construida por el estudio Margoniner Arquitectos, propietario de la cadena de hoteles Regency.
Con todo para los turistas
En la parada 18 de la Playa Mansa, en Punta del Este, se levanta la Tower & Club Aquarela, con 138 apartamentos en áreas que van desde los 164 metros cuadrados el más chico –que cuesta unos US$ 600 mil–, este emprendimiento ofrece un sinfín de servicios para la temporada turística: piscina interior y exterior, dos canchas de tenis semiprofesionales, cancha de fútbol cinco, tres parrilleros equipados, sala de spa con jacuzzi, sala de masajes, cine, sala de reuniones, lugar de juego para niños y hasta un pequeño autoservicio que funciona solo para la gente del edificio.
Algunas actividades que se suman en verano son las clases de pilates y peluquería para damas, además del servicio de playa, contó el director de Invergroup –empresa que administra el edificio–, Jorge Curbelo. Aunque la mayoría son propietarios, son los dueños de siete de los apartamentos los que viven durante todo el año, el resto hacen uso de él durante la temporada estival, o fines de semana largos.
Además de las unidades de dos dormitorios más cuarto de servicio, y tres y cuatro dormitorios, la torre tiene cuatro penthouse que cuentan con entre 400 y 750 metros cuadrados, y cuyo precio se ubica alrededor de US$ 3,5 millones.
Espacio para profesionales
Pensando en beneficiar a los profesionales afiliados a la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios fue que surgió el proyecto para construir la Torre de los Profesionales. Ubicado en la calle Yaguarón, el edificio tiene 17 pisos exclusivos para oficinas y locales comerciales, y un centro de convenciones.
Según contó el contador Gabriel Vidal, quien trabaja actualmente en la Caja de Profesionales, los afiliados tienen el beneficio de entregar menos dinero para comprar el edificio, y se les permite financiar hasta en doce años, mientras los no socios deben pagarlo en 10 años.
Las unidades tienen desde 30 hasta 90 metros cuadrados, y quedan actualmente algunas libres. Algunos propietarios han comprado varias oficinas y las unieron para lograr un espacio más grande. Además hay varias salas de reuniones que pueden ser usadas libremente por los que están instalados en el edificio.