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La matanza ocurrida el domingo pasado en una iglesia bautista de Texas, la segunda registrada en el país en apenas una semana, volvió a poner en evidencia las diferencias que existen en el sistema político respecto de la libre tenencia de armas en Estados Unidos.

El mismo día en que Sutherlands Springs –una localidad rural de unos 400 habitantes, ubicada a unos 50 kilómetros de San Antonio– seguía llorando la pérdida de 26 de sus habitantes, el presidente Donald Trump volvió a agitar la polémica.

Desde Japón, país al que llegó en el marco de una gira por distintos países de Asia, el presidente republicano adjudicó el incidente a "problemas" de salud mental.

El tirador, que aparentemente se suicidó, fue identifcado como Devin Kelley, de 26 años, quien tiempo atrás fue dado de baja por la Fuerza Aérea por haber protagonizado episodios de violencia conyugal.

Al hablar desde la capital japonesa, Trump aseguró que este nuevo tiroteo "no es una situación imputable a las armas".

El presidente insistió en que este no es momento para tratar el asunto. "Es un poco pronto para abordar el tema", aseguró el mandatario republicano.

Sin embargo, la visión de la oposición demócrata está en las antípodas del pensamiento del magnate republicano.

Ya no es la primera vez que los demócratas, sobre todo en el Congreso, aprovechan para reclamar un control sobre el acceso libre a las armas de fuuego, un tema que genera cada vez mayor controversia en un país en el que el porte de armas es algo normal.

En ese sentido, el expresidente, Barack Obama, afirmó: "Qué Dios nos condena a todos la sabiduría de preguntarnos qué medidas concretas podemos tomar para reducir la violencia y las armas entre nosotros".

La controversia política se suscitó luego de que hace una semana un ciudadano uzbeko –identificado con el Estado Islámico– atropellera con una camioneta alquilada a peatones y ciclistas en una bicisenda de Nueva York, lo que provocó la muerte o ocho personas, cinco de las cuales eran argentinos que formaban parte de un viaje de graduación.

El ataque del domingo, definido como el peor ocurrido en Texas, tuvo lugar poco más de un mes después del peor ataque desde 2001 en el país, cuando un tirador solitario disparó desde el piso 23 de un hotel de Las Vegas y mató a 59 personas e hirió a más de 500.

Inquietante y frustrado

Descrito por quienes le conocieron como un hombre inquietante con una vida personal y profesional frustrada, el exmilitar Kelley, fue dado de baja de la Fuerza Aérea estadounidense.

Este hombre blanco de 26 años mató a 26 personas con un fuusil de asalto AR-15 marca Ruger, en la iglesia bautista de Sutherland Springs; sus víctimas eran fieles de todas las edades. Cuando cometió la masacre, vestía de negro de la cabeza a los pies.

Algunas fotografías de su rostro –tez clara, sin sonreír, con o sin barba, cabello corto– aparecieron este lunes en la prensa estadounidense.

Residía en New Braunfels, una ciudad ubicada a 50 kilómetros de Sutherland Springs, donde provocó el tiroteo supuestamente por problemas familiares, ya que tenía diferencias con su suegra, que frecuentaba la iglesia.

Kelley exponía su frustración en las redes sociales. Sus insultos en Facebook iban dirigidas contra la religión, la iglesia y los creyentes.

Muchos de sus antiguos compañeros de clase dijeron que tomaron distancia de este ateo militante, de comportamiento hostil y frecuentes ataques de violencia.

La carrera militar de Kelley fue breve, sin logros, y marcada por un fin abrupto. Fue reclutado en 2010 para trabajar como especialista en logística en una base de la fuerza aérea en Nuevo México, estado vecino de Texas.

Dos años más tarde fue juzgado por una corte marcial como responsable de actos de violencia contra su esposa y un hijo. La mujer pidió el divorcio ese mismo año.

Por las agresiones fue condenado a un año de detención. También fue degradado y expulsado. En 2014, intentó sin éxito obtener una apelación para revisar su condena.

Posteriormente se mudó a Colorado, donde su expediente incluye acusaciones de malos tratos contra animales.

Su otro lugar de residencia conocido es la zona rural texana de New Braunfels: Kelly se instaló allí con su mujer en una granja remodelada, aislada y rodeada de bosques.

Uno de sus vecinos señaló a la cadena local KSAT que era un "muchacho normal", en una región donde tener armas es común.
"La única cosa extraña es que escuchábamos muchos tiros al otro lado de la calle (donde vivía Kelley), a menudo por la noche", declaró Mark Moravitz.

Motivación racial fue descartada

Freeman Martin, funcionario del Departamento de Seguridad Pública de Texas, dijo este lunes a la prensa el ataque "no tuvo una motivación racial, y tampoco estuvo relacionado a creencias religiosas. Había un problema doméstico con sus familiares políticos", añadió.

De acuerdo con Martin, Kelley sabía que su suegra asistía a esa iglesia y que antes del sangriento ataque le había enviado "mensajes amenazadores"
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