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Si no fuese porque el próximo domingo 29 de noviembre los ciudadanos deberán optar entre personas –José Mujica o Luis Alberto Lacalle– y no entre partidos políticos, se podría afirmar sin mucho margen de error que la izquierda oficialista corre con el caballo del comisario en la carrera presidencial. Muy pocos gobiernos han gozado al final del período de un respaldo popular tan alto como el que mantiene la administración de Tabaré Vázquez. Mas aún, son pocos los antecedentes domésticos de un candidato del partido gobernante que logra un apoyo electoral tan alto como el que cosechó José Mujica en los comicios del domingo 25 de octubre. Más del 48% del total de votos emitidos otorgó al Frente Amplio (FA) la mayoría parlamentaria, factor que puede resultar decisivo para inclinar la balanza a favor del oficialismo en el balotaje. A ello se suma que el FA tiene como carta de presentación los buenos resultados económicos y sociales cosechados por la administración Vázquez, hecho que el candidato a vicepresidente y ex ministro de Economía y Finanzas Danilo Astori se está encargando de resaltar en cada comparecencia pública. Para muchos votantes no frentistas, Astori es la carta de garantía y certezas que no exhibe Mujica. No en vano hasta la propia publicidad callejera de la fórmula presidencial del FA muestra a Astori en un primer plano y a Mujica por detrás.

Los citados factores no son los únicos que permiten especular con una chance superior de Mujica por sobre Lacalle, que cuenta como punto fuerte en su favor la experiencia de haber sido presidente. La fidelidad del electorado frentista tiende a ser muy elevada. En la vereda de enfrente, por el contrario, habría simpatizantes de Larrañaga que no estarían dispuestos a votar a Lacalle en segunda vuelta, e incluso esos votos podrían migrar hacia Mujica por una cuestión de mayor afinidad. Una parte de esos sufragios serían cubiertos por los de votantes colorados, pero eso no le alcanzaría a Lacalle para superar la línea de Mujica.

A juicio del polítogo Adolfo Garcé, la única posibilidad de que Mujica no sea electo presidente es que ninguno de los votantes que sufragó por él en primera vuelta lo vuelva a votar dentro de un mes. El argumento de Garcé parece harto probable, aunque la verdad solo se sabrá cuando se abran las urnas y se cuente hasta el último voto.

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