Los trancazos entre Argentina y Uruguay son históricos y parecen de nunca acabar. En general las razones de las disputas son diversas y responden a diferentes lógicas e intereses. En estos nuevos pujos conflictivos, además de cuestiones económicas y políticas de cada uno de los países, se mezclan diferencias internas en los dos gobiernos.
La semana pasada, luego del encuentro en Brasilia entre los presidentes José Mujica y Cristina Fernández de Kirchner, en el gobierno uruguayo se volvieron a Montevideo con la idea que había que esperar, no hacer olas y dejar que algunas diferencias internas del otro lado del río decantaran solas. Con la esperanza de calmar las tensiones y cumplir con eso, Uruguay dejó sin contestar dos duros comunicados argentinos. Pero a las pocas horas el canciller de ese país, Héctor Timerman, volvió a arremeter: apuntó primero en una carta privada de protesta contra la producción de UPM (ex Botnia).
El canciller está debilitado, el embajador cuestionado y el negociador jaqueado
En estos nuevos pujos conflictivos entre Uruguay y Argentina, además de cuestiones económicas y políticas de cada uno de los países, se mezclan diferencias internas en los dos gobiernos
