En 1969 los gorriones cantaban al volumen que la naturaleza les tenía previsto. Sin embargo, años después han tenido que adaptar el volumen de su tono al bullicio de la ciudad para poder escucharse por encima de las bocinas, motores y otros ruidos urbanos.
El canto del gorrión urbano
El ruido creciente de la ciudad obligó al pájaro a subir el tono de su canto e incluso, a cambiar el repertorio