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Venezuela amaneció, en el 182° aniversario de la muerte del libertador Simón Bolívar, teñida de rojo, después de que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) arrasara en las elecciones regionales del domingo. Al acabar el conteo, el partido del presidente Hugo Chávez ganó cuatro y se quedó con 20 gobernaciones, y la oposición perdió esas cuatro y terminó con tres.

La ausencia del líder en unas elecciones por primera vez en 14 años le jugó muy a su favor y permitió arrebatarle a la oposición distritos clave como el petrolero estado de Zulia, bastión del antichavismo durante una década.

También jugó a favor del oficialismo la poca participación, ya que votó 54% de la población, casi 30 puntos menos que en las presidenciales y 10 puntos por debajo de los anteriores comicios regionales de 2008. Los primeros análisis indican que la oposición fue la principal perjudicada en este sentido, porque solo habrían votado los más comprometidos.

“Regalo de amor”

El vicepresidente y delfín de Chávez, Nicolás Maduro, comentó que la victoria fue un “regalo de amor” para el mandatario. “Hoy el pueblo ha premiado la verdad, ha premiado la perseverancia; es más, le ha dado un regalo de amor al comandante Hugo Chávez. Hoy el pueblo no le falló a Chávez”.

En una intervención en VTV, dijo que el domingo hubo una “gran victoria de la democracia” que, además, fue un triunfo oficialista “inmenso”, “histórico” y “gigantesco”.

De su lado, el líder opositor Henrique Capriles consiguió ser reelegido en el estado de Miranda, donde ganó por 52% de los votos. Su oponente era Elías Jaua, exvicepresidente, que consideró la derrota como “apenas un revés”.

Capriles, de su lado, festejó la victoria en su estado y lamentó la derrota general de la oposición, a la que consideró víctima del “ventajismo”.

“Hoy sentimos que perdimos un juego aquí y allá y es difícil tener una sonrisa. La siento por Miranda, pero no por nuestra Venezuela, porque llegará el momento donde la inmensa mayoría de los venezolanos lleguemos al sueño que queremos alcanzar”, expresó.

Se congratuló porque, junto con su equipo, resistieron a “todos los recursos, toda la maquinaria” oficialista e incluso “el abuso de poder, el chantaje, el tratar de utilizar la situación que vive el presidente Chávez con su enfermedad para hacer campaña”.

Felicitó de modo especial a sus compañeros que también ganaron –Henri Falcón en Lara y Liborio Guarulla en Amazonas– y extendió su saludo a todos los opositores, que siguen siendo líderes “porque todos lucharon contra el ventajismo”.

Un caso aparte es el del estado de Bolívar, donde los opositores evalúan si denunciar o no, después de que su candidato Andrés Velásquez denunciara fraude.

La incertidumbre continúa

Una vez pasada la jornada electoral, los ojos del país volvieron nuevamente sobre Cuba, donde Chávez se recupera de la “compleja y delicada” intervención quirúrgica de seis horas a la que se sometió la semana pasada.

Lo último que se supo es que mejora “hora tras hora”, que su estado pasó de “estable” a “favorable” y que ya comenzó a comunicarse con sus allegados, en plenas condiciones intelectuales y dictando instrucciones de gobierno.

El ministro de Ciencia y Tecnología, Jorge Arreaza, declaró el domingo: “El comandante ya comenzó a comunicarse con nosotros, a instruir, a gobernar y a dar instrucciones y sobre todo está muy pendiente de la situación en Venezuela, de las elecciones”. Luego informó que, tras los “momentos de tensión los días 11 y 12”, ahora “el comandante presidente sigue en su proceso de estabilización. La tendencia sigue siendo positiva día tras día, hora tras hora”.

Pero las dudas acerca del estado general de salud del mandatario y sobre si asumirá o no el poder el 10 de enero persisten en Venezuela. Los primeros en desconfiar de su mejoría recordaron que, ante las buenas noticias, el comandante suele comunicarse por teléfono con la televisión, algo que esta vez no sucedió y que levantó, otra vez, las sospechas de que el presidente está peor de lo que se cree.
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