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Más que por ser hábiles empresarios, quienes se dedican a la producción editorial de la historieta lo hacen por placer o por vocación. Es un rubro que aún busca un lugar en el mercado de consumo masivo en Uruguay, pero que ha logrado hacerse de fieles seguidores.

“Se ha desarrollado un movimiento interesante de editores y artistas que se han profesionalizado en estos últimos 10 años. Antes no había gran continuidad en los proyectos editoriales uruguayos y en general respondían a impulsos amateur”, explicó el director de Contenidos de la Convención Montevideo Comics, Matías Castro.

Para fortalecer el medio, tienen que crecer los editores, artistas y el público a la vez, según diagnostica Castro. “Es por ello que hemos intentado generar un evento que reúna estos tres sectores y los potencie”, comentó en referencia a Montevideo Comics.

Según explicó el dibujante Nicolás Peruzzo, generalmente quienes incursionan en el rubro, creen que, como sucede en otros mercados, los va a contratar una editorial. Al tiempo notan que todos los proyectos son autogestionados, lo que convierte al artista en un emprendedor. “Uno termina siendo un poco editor, publicista y distribuidor”, lamentó.

Castro cree que la edición de historietas es una tarea autosustentable, con potencial para ser redituable. “Tiene todavía mucho espacio para crecer. En la medida en que los editores se dediquen con continuidad a sus trabajos, el público, los distribuidores y los libreros van a seguir reaccionando positivamente”, fundamentó.

El artista no es empresario
El director de Zignone Comics, Pablo Zignone, admitió que es necesario forjar cierta cabeza empresarial para hacer viable y vendible un proyecto. Sin embargo, está convencido de que “si uno va a arrancar un proyecto pensando en hacer un negocio, empieza mal: esto es más pasional que otra cosa”. No puede decir que su sustento sea el cómic, pero tiene claro que la idea es vivir de ese trabajo.

“Este mercado sólo es sustentable al punto de que cada libro financia el siguiente. Ganancia deja muy poca, pero se sostiene”, explicó el director de la editorial Belerofonte, Rodolfo Santullo.

Los creadores de historietas han tenido que buscar alternativas para difundir su obra y generar ingresos. Nicolás Peruzzo publicó el primer número de Relatos de Ciudad Fructuoxia en setiembre de 2008, adoptando un sistema que le ha sido muy útil. Subió el contenido completo en internet para ser descargado. “Me pareció interesante para experimentar porque no tenía pensado sacar rédito económico de la historieta, básicamente era un tema de difusión”, explicó. A las dos semanas lanzó la versión impresa, unos 300 ejemplares, cuidando la calidad de papel e impresión y los distribuyó en las cuatro o cinco tiendas especializadas que hay en Uruguay. El resultado fue bueno: todas las personas que lo descargaron fueron a comprarla.

Mercado y obstáculos
“Es un tema cultural, no hay costumbre de comprar cómics. A mucha gente le interesan, pero no llegan a todos lados”, reflexionó Zignone.

Los distintos creativos consultados coinciden en que el número de consumidores es muy pequeño. Santullo consideró que no son más de 1.000 los compradores de cómic nacional. En tanto, Peruzzo cree que varía entre 500 y 1.000 consumidores.

En materia de ventas, cada libro editado por Belerofonte vende entre 500 y 1.000 ejemplares en el año. Hay algunas historietas que han logrado romper con la problemática. Es el caso de Cisplatino, de la editorial Apocalipta, que hizo una campaña de marketing que llegó a gente vinculada al diseño, creativos web, publicidad y cine. La editorial Belerofonte con Los últimos días del Graf Spee y Acto de guerra interesó a gente del ámbito de la cultura que no eran lectores de historietas. “Hay una búsqueda constante por expandir ese público”, afirmó Peruzzo.

La edición de historietas en Uruguay exige que los autores sean sus propios editores. Esto implica que el autor debe aprender a cumplir plazos, coordinar equipos, negociar con un distribuidor, hacerse cargo del lanzamiento y de la prensa. “No es una tarea para cualquiera y es lo que en este momento traba un poco la circulación y difusión mayor de muchos proyectos”, comentó Castro.

Otro de los inconvenientes está en los costos de impresión, que hacen que muchos se deban contentar con internet. “No hay casi historietas editadas en colores, muchas salen en blanco y negro, porque a color cuesta cuatro veces más. Esto va en detrimento del arte que uno pueda hacer”, se quejó Peruzzo.

Además, el artista explicó que no hay muchas distribuidoras que estén interesadas en comerciar cómics, ni tantas librerías en venderlos. “Hasta el día de hoy la forma más común de distribuir es que el autor llene la mochila y lleve su producto a las tiendas especializadas”, dijo.

En Argentina se ha logrado una buena entrada en virtud de encuentros de historieta. “Estar en el extranjero, sin duda, amplía la base de lectores. Pero es importante la circulación en tu propio territorio, aunque no sea masiva”, evaluó Castro.

Oportunidad de hacer negocio
En el marco de la novena Convención de Historietas, Animación y Juegos, Montevideo Comics, a desarrollarse el próximo fin de semana en el Cine Teatro Plaza; se realizará la segunda mesa de negocios coordinada por Proanima. La iniciativa busca reunir empresarios del sector animación, videojuegos, audiovisual y editorial de Uruguay y Argentina, con creativos interesados en hacer contactos laborales y generar nuevos proyectos.

Las inscripciones están abiertas hasta el lunes 9 de mayo a través del e-mail .
El año pasado asistieron 35 personas que presentaron proyectos. De la otra parte acudieron ocho empresas de animación, videojuegos, editoriales de Argentina y representantes de dibujantes. La Convención es, además de un espacio de diversión y aprendizaje, un lugar fermental para el trabajo en estas áreas.
Para formalizar las acciones que se llevan adelante en Montevideo Comics, a instancias del Ministerio de Educación se firmará el acta fundacional de la Asociación de Historietistas.

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