Desde arriba: copas de pinos, dos líneas de cemento armado separadas por una línea de pasto seco, formas rectangulares casi ovaladas de colores allá abajo. Hay que buscar comida, aunque la sequía sea grande y las lombrices hayan dejado la tierra dura. Porque la pichonada pide almuerzo y no se puede decir “no”. Fabricó el nido con el mismo gen que ahora le indica que debe alimentar a su progenie. Escupió y cuchareó barro sobre la columna del semáforo.
El corazón de la manzana
La selva glam puntaesteña da oportunidades a todos, incluso a los horneros locales que desde lo alto vigilan atentos a los turistas, listos para hacerse la América