Todo empezó con un dolor en el pecho. Tras despertarse de una exploración en un mundo desconocido que terminó con una extraña criatura aferrada a su cara, el oficial Kane –interpretado por el actor John Hurt– no se siente nada bien.
Todo empezó con un dolor en el pecho. Tras despertarse de una exploración en un mundo desconocido que terminó con una extraña criatura aferrada a su cara, el oficial Kane –interpretado por el actor John Hurt– no se siente nada bien.
El dolor solo empeora mientras la tripulación de la nave espacial Nostromo cena. Kane no lo resiste y, acostado sobre la mesa por el sufrimiento, ve que dentro de su abdomen comienza a notarse un extraño movimiento que terminará en una pequeña criatura alienígena emergiendo abruptamente de su pecho y matándolo en el proceso.
Con esta escena, una de las más terroríficas en la historia del cine de terror y ciencia ficción, nacía el Xenomorph, el alien protagonista de la saga cinematográfica del mismo nombre que tendría su inicio con el filme Alien, el octavo pasajero (1979) de la mano de Ridley Scott. Pero el director británico no es el único responsable de crear uno de los monstruos más icónicos en el cine contemporáneo. Gran parte de esta responsabilidad la tiene el artista surrealista suizo Hans Ruedi Giger, el creador del diseño de escenarios y del terrorífico personaje del filme de Scott, así como una gran influencia en otros clásicos del horror en el séptimo arte.
Giger murió ayer los 74 años de edad a consecuencia de las heridas que sufrió en una caída de una escalera, informaron los medios de Suiza.
A lo largo de su carrera, el pintor nacido en 1940 en Coira, Suiza, fue principalmente un pintor surrealista, además de escultor y diseñador de escenarios. Su obra giró en torno a temas como el nacimiento, la muerte, la sexualidad y la fantasía.
Dibujaba criaturas de pesadilla de tonos negros y grises en lienzos gigantes, usando pistolas de aire comprimido con pintura. Eran mitad humanas y mitad máquinas con piel entremezclada con piezas metálicas. Una forma de arte, bautizada por él mismo como “biomecánica”, que despertaba a partes iguales la admiración de sus fans y la repulsión de sus detractores, que la consideraban pornográfica.
El artista también plasmó su obra en otros formatos como portadas de discos, esculturas, muebles y decoraciones de interior.
La historia cuenta que buscando ideas para el diseño de lo que sería el principal antagonista de su película, Scott se topó con la pintura Necronom IV de Giger, en la que se ve a una horrorífica criatura con rasgos humanoides. El británico se sintió tan inspirado por el arte que decidió invitar a Giger a formar parte de la producción. De esta forma, el artista integró el equipo de efectos especiales que ganó en 1980 el Oscar en esta categoría por su trabajo en Alien, el octavo pasajero.
Dentro de la industria del cine, Giger luego trabajó también en otras películas de ciencia ficción como Species y Poltergeist II. Uno de sus proyectos fílmicos más ambiciosos fue el trabajo de diseño que hizo para el filme Dune de Alejandro Jodorowsky, basada en la exitosa saga literaria de Frank Herbert. El proyecto nunca pudo pasar la fase de producción pero de todas formas se lo conoce como una de las ideas más ambiciosas en el cine jamás hechas. Hoy el trabajo de Giger se puede rever a través del documental Jodorowsky’s Dune, que explora el proceso creativo detrás de la película.
Sus admiradores le consideran un heredero del pintor holandés Jerónimo Bosch (El Bosco, 1450-1516), el flamenco Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569) o incluso del español Francisco de Goya (1746-1828).
En su afán de dar vida a sus criaturas, también creó los bares Giger en donde los clientes pueden saciar su sed en una atmósfera alienígena. El primero abrió en Tokio en 1988. En Suiza hay dos, uno delante de su museo en Gruyere y el otro en su ciudad natal, Coire.
El único museo HR Giger en el mundo abrió sus puertas en 1998 y lo dirige su mujer, Carmen. Pero en los últimos años se han realizado varias exposiciones retrospectivas en París, Praga o Viena que han llenado las salas de seres imaginarios.