Estados Unidos entró en un aumento del déficit fiscal y la deuda en manos del púbico se acerca al mayor desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Washington cierra su ejercicio fiscal todos los años el 30 de setiembre. Los datos publicados sobre el período resultan una alarma para el gobierno de Joe Biden no solo por el aumento del déficit sino porque la Reserva Federal a cuyo frente está Jerome Powell, ese mismo mes, elevó las tasas de interés situándolas en el orden del 5,25/5,50 % anual.
Los ingresos federales sumaron U$S 4,4 billones mientras que los gastos llegaron a U$S 6,1 billones. Esto arroja déficit fiscal de U$S 1,7 billones, equivalente al 6,3% del PIB. De acuerdo a los informes de la FED (la Reserva Federal) durante el período setiembre 2021/setiembre 2022, el déficit fiscal fue de U$S 1,37 billones.
El principal motivo del aumento del déficit público fue la caída de los ingresos. Esto empuja al crecimiento de la deuda pública que amenaza con convertirse en la mayor desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
A este panorama, se agrega el alza de las tasas de interés que superan el 5%. En marzo de 2022, las tasas de interés de la FED eran muy bajas, al igual que las del Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra. Desde la invasión de Rusia a Ucrania, por diversos factores, el crédito en el mundo aumentó. En mayo de 2023 la FED tenía la tasa en el orden del 5% anual. En setiembre se elevaron al 5,25/5,50 % anual.
La tensión de las cuentas públicas en la primera economía mundial tiene como dato saliente una caída del 9% en los ingresos respecto del ejercicio fiscal anterior. De acuerdo al Tesoro, los ingresos del período 2021/2022 habían sido inusualmente altos por la recuperación de la pandemia y las ganancias patrimoniales.
El déficit público creció y crece en un momento de aumento del PIB y de creación de empleo, cuando lo habitual es lo contrario.
La deuda pública bruta de Estados Unidos es del 121% del PIB. Sin embargo, las autoridades aclaran que una unos deuda del orden de los U$S 7 billones que es intragubernamental y haría descender al 98% la deuda que efectivamente está en manos del público a través de títulos.
Como dato de referencia, el máximo histórico de la relación Deuda/PIB fue del 106% en 1946, al fin de la Segunda Guerra, por los gastos ocasionados en esos años.
El crecimiento económico de las décadas posteriores le permitió a la primera economía del planeta reducir el déficit. Sin embargo, la crisis de 2008 fue el punto de inflexión de un aumento sostenido del déficit, por menores ingresos públicos debido a las rebajas impositivas.
En 2019, la relación deuda/PIB llegó al 79,4% y tras la pandemia se elevó al 100,6% del PIB por los gastos ocasionados para sostener las economías y la disminución de la actividad económica y, en consecuencia, menores ingresos.
El Congreso de Estados Unidos tiene una oficina presupuestaria que hace proyecciones y estas apuntan a que la relación deuda/PIB seguirá en aumento pudiendo ascender al 107% en 2029. De acuerdo a un informe de esa oficina, “una deuda tan elevada y creciente ralentizaría el crecimiento económico, aumentaría los pagos de intereses a los tenedores extranjeros de deuda estadounidense y plantearía riesgos significativos para las perspectivas fiscales y económicas”.
El Bank of America, una de las empresas top 10 de Estados Unidos, en sus propios análisis, advierte que la “insostenible senda fiscal no es nada nuevo. Lo que sí es nuevo son los tipos de interés más altos, que ahora se prevé que se mantengan elevados durante más tiempo”.
Y la tasa de interés “repercute directamente en el gasto que el Gobierno estadounidense necesita para financiar su deuda y contribuyen al déficit global”. Tasas de interés más elevadas “aumentan el gasto y dan lugar a una mayor emisión de deuda, creando una espiral”, añaden los analistas del Bank of America.
El FMI considera en su último informe de Estados Unidos del 15 de junio de 2023 que, ante este escenario, “será necesario un ajuste fiscal más significativo a medio plazo para situar la deuda pública en una senda decididamente descendente. Para lograr este ajuste será necesaria una amplia gama de políticas que incluyan tanto subidas de impuestos como abordar los desequilibrios estructurales de la seguridad social y Medicare”.
Más impuestos pueden resultar recesivos. Y reducción de partidas para la seguridad social y la salud afecta a los sectores más vulnerables. El país está de cara a las elecciones de 2024 con el Senado conducido por republicanos y la Cámara de Representantes por demócratas. En plena campaña por la Casa Blanca esto se traduce en un bloqueo que impide los acuerdos por impide reducir el déficit.
Donald Trump propone subir los impuestos pero no de un modo que afecte más a los que más tienen. Se trata de la misma receta de los cuatro años en los que gobernó. Eso podrá tener efectos recesivos en el consumo. Por su parte, Joe Biden propone mantener las partidas para los sectores menos beneficiados pero las cuentas públicas de su gestión muestran un rojo que no desciende.
Si las tasas de interés se mantienen altas, como todo indica de acuerdo a los analistas financieros, el déficit no bajará por el solo aumento de los impuestos. Y esas tasas de interés se realimentan no solo por la situación internacional sino por el encarecimiento de refinanciar los títulos para el Tesoro de Estados Unidos. Tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo también tienen las tasas de interés en el mismo orden.