El 6 de febrero que debido a un bombardeo de Jordania había muerto una mujer estadounidense, la única rehen de ese país que permanecía en manos del grupo terrorista. Ella y James Foley, el primer estadounidense asesinado por EI, eran parte del grupo de al menos 23 extranjeros de 12 nacionalidades, encerrados en una prisión ubicada en algún lugar cercano a la ciudad de Raqqa, según una extensa crónica del diario New York Times en la que reconstruye el destino de la mayoría de estas personas a través de testimonios de sobrevivientes, familiares y ex allegados al grupo exremista.

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Algunos de esos rehenes –los europeos, excepto los británicos- fueron liberados a cambio de altas sumas de dinero; en cambio, los estadounidenses y británicos fueron asesinados o aún están en manos del EI. Tanto Estados Unidos como Gran Bretaña se rigen por la política de no pagar rescates a terroristas. En el resto de los casos los rehenes se convirtieron en una de las principales fuentes de financiación del EI, que reunió una fortuna en rescates, aunque los gobiernos involucrados no lo reconocen oficialmente.

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Los asesinatos de EI, divulgados por videos en la web, por vía de la decapitación hasta la quema de rehenes vivos, son la última etapa de procesos cargados de dolor y torturas en las red de cárceles “subterráneas” que el grupo tiene en Siria y probablemente en Irak. Ambos territorios tienen amplias zonas dominadas por el EI como en Raqqa, ciudad al norte de Siria que se rige por la “ley” de estos extremistas y en la que cada día se iza su bandera como si se tratarara del símbolo patrio nacional.

Foley y sus compañeros de cautiverio fueron torturados con el “submarino”, se los mantuvo al borde de la desnutrición y se los amenazó con que serían ejecutados; era común que se les cambiara de guardias y fueran entregados de un grupo de extremistas a otro, que los atacaban y luego les daban caramelos y hasta hablaban de liberarlos, relata el New York Times. El diario logró entrevistar a un ex miembro del grupo terrorista, que estuvo en el lugar en el cual se los mantenía presos.

La reconstrucción de la historia de Foley en sí misma, revela las técnicas utilizadas por el EI pero también las intrincadas negociaciones que se sucedieron para intentar salvarlo, algo que finalmente no se logró. Cuando el periodista fue capturado en Siria a fines de 2012, el EI no se había presentado en sociedad, pero pronto se convertiría en un grupo más agresivo y exitoso que su propio progenitor: Al Qaeda.

Hoy el EI domina una porción importante de terreno iraquí y zonas de Siria e incluso, como se supo en la última semana, está presente en la conflictiva Libia. Allí mató el martes a 21 egipcios coptos, según un video que se difundió el lunes 16, en el que son decapitados supuestamente en Trípoli, capital de Libia. La acción generó la represalia de Egipto, que el martes bombardeó zonas de ese país en las que ya está presente el grupo. La prensa de Libia informó que el grupo había secuestrado a 35 egipcios más, la mayoría trabajadores rurales, pero la información no ha sido oficialmente confirmada.

Prueba de vida
Según el relato del New York Times, los rehenes de EI eran sacados de la celda en la que se los retenía uno a uno y en una habitación privada se les hacían tres preguntas sobre su vida íntima, una técnica que se usa para obtener “prueba de vida” cuando se negocia su liberación. Cuando le tocó a Foley, el estadounidense regresó esperanzado a la celda en la que permanecía hacinado con el resto de los extranjeros.

Le habían preguntado datos que indicaban que EI estaba en contacto con su familia: “¿Quién lloró en la boda de tu hermano?”, “¿Quién era el capitán del equipo de fútbol de tu liceo?”. Foley lloró emocionado, relataron sus compañeros de celda.

Las preguntas que le hicieron indicaban que su familia había sido contactada y que pronto su gobierno, al menos eso creía Foley, negociaría su liberación. Durante el largo período de reclusión, el estadounidense decidió convertirse al Islamy eligió un nombre musulmán, Abu Hamza.

Más de un secuestrado terminó convirtiéndose al Islam, en algunos casos intentando conseguir un mejor trato y en otros por convencimiento, tal como parece haber sido el caso de Foley, según quienes convivieron con él.

Hacia el segundo año de reclusión del estadounidense, el EI se había convertido en un grupo poderoso con una estrategia para recaudar millones con los rehenes. En julio de 2014 Alemania pagó cinco millones de euros que, supuestamente, iban dirigidos a ayuda humanitaria para Mali, aunque fuentes diplomáticas revelaron que el dinero era para un “oscuro grupo de extremistas islámicos que retenían a 32 rehenes”.

El destino de los cautivos, dependiendo de la política exterior y de las idas y venidas de los gobiernos, ha sido muy diferente. Foley fue decapitado en agosto de 2014 y el también periodista estadounidense Steven Sotloff, fue ejecutado el 2 de setiembre.

Luego de la muerte de Foley fuentes de la inteligencia dijeron que Estados Unidos autorizó una operación secreta para intentar salvarlo a él y a otros rehenes. Dos comandos de la fuerza Delta ingresaron a una refinería de petróleo ubicada al norte de Siria y se enfrentaron a guerrilleros islámicos, pero no encontraron a los secuestrados.

A comienzos de 2014 el grupo inicial de 23 prisioneros fue dividido en dos. Los tres estadounidenses y los tres británicos debieron soportar mayores abusos y violencia. Hacia abril de ese año casi la mitad de los rehenes habían sido liberados, luego de complejas negociaciones con sus familias y países, que finalmente pagaron rescates que promedialmente eran de unos dos millones de dólares cada uno.

En junio de ese mismo año solo quedaban siete: cuatro estadounidenses y tres británicos. De ellos ahora solo sobrevive, se estima, una sola persona: el periodista John Cantlie, que había sido secuestrado junto a Foley.


Fuentes: New York Times, BBC, The Atlantic, AFP, EFE, Foreign Policy

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